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Francisco Sotelo

¿Quiénes son los dueños de los símbolos?

Por Francisco Sotelo para El Tribuno de Salta

 

El presidente de la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes protagonizó una provocación, en forma consciente y deliberada, pero convencido de que actuaba correctamente: borró los pañuelos pintados en la vereda pública, en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. En un lugar muy especial, que es el sitio donde Martín Miguel de Güemes cayó herido de muerte.

Probablemente, Francisco Aráoz no sepa que en la Argentina no hay "lugares sagrados". Él no tenía ningún derecho a agraviar a quienes habían pintado los pañuelos. Pero su conducta muestra la tremenda grieta que atraviesa en todos los planos a los argentinos.

Pintar pañuelos blancos no es un acto de vandalismo, y muchos menos una ofensa a la memoria de Martín Güemes, un héroe gaucho, un caudillo popular y el único general argentino muerto en combate.

Es anacrónico suponer qué hubiera pensado el caudillo salteño de Jorge Videla y de Hebe de Bonafini, pero la reconstrucción histórica (de los historiadores, y no la de la "memoria" militante), esa reconstrucción científica de su vida, sus ideas y su muerte no registra una sola conducta propia del terrorismo de Estado.

Lo único cierto es que los pañuelos blancos, como la placa que conmemora a don Martín, son símbolos incorporados a los sentimientos populares. Ninguno de los dos pertenece a sectas.

Nada puede mancillar a unos o a otros, porque representan valores superiores, que trascienden las conductas de quienes los levantan como insignias.

La implícita reivindicación del terrorismo de Estado por parte de Aráoz no puede empañar la memoria de Güemes. El oportunismo de Amado Boudou, Carlos Zannini o Sergio Schocklender, amparados en los pañuelos para encubrir sus ilícitos, tampoco pueden hacer olvidar el coraje de las Madres y las Abuelas.

La Patria está por encima de las mezquindades. Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto entraron ya a la historia, que pasará por alto exabruptos y opciones políticas, y que jamás va a reivindicar a las organizaciones armadas de los 70 (por más que Hebe lo haya hecho). La historia está por encima de sus protagonistas. Las limitaciones de José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan Bautista Alberdi o Domingo Faustino Sarmiento no hacen mella en sus logros extraordinarios.

La verdad de la conquista de América no se borra con una decisión -probablemente, inspirada en la ignorancia y la soberbia megalómana- que ordenó demoler la estatua de Cristóbal Colón.

La historia es una sola, aunque las interpretaciones varíen.

El terrorismo de Estado fue la culminación de décadas de violencia criminal, cuyos símbolos más ilustrativos son el bombardeo sobre Plaza de Mayo, los asesinatos de Augusto Vandor, Pedro Aramburu, José Rucci y Carlos Mujica, Tucumán y la ESMA.

No es la "teoría de los dos demonios", sino la realidad de los argentinos. Una realidad representada en los dos símbolos de la plaza Belgrano, Güemes y los pañuelos, a la que ofrecen una fuerza superadora.

Güemes fue un héroe que dejó su vida por la Independencia. Los pañuelos representan la fuerza materna, capaz de salir a la calle en los momentos más peligrosos de la historia.

Ambos son símbolos de una Nación; una nación, envenenada por los mesianismos de derecha e izquierda, que aún no comprendió que la democracia se fundamenta en la tolerancia.(Fuente: El Tribuno)