LRK 350 FM La Esperanza 100.1Mhz

"Nuestro norte es el sur"..., de Salta para el mundo || S.I.L.E. Servicio Infomativo FM La Esperanza

Visitantes

Hoy 7

Ayer 96

Esta Semana 162

Este Mes 1644

Total 3664540

Currently are 120 guests and no members online

Kubik-Rubik Joomla! Extensions

 

    Resultado de imagen para sergio romero el tribuno

Sergio Romero - Columna Editorial El Tribuno - Salta

 

 

El norte salteño volvió a vivir el viernes una jornada de extrema violencia, con un saldo de 28 policías heridos, nueve detenidos y un clima de conmoción y desconcierto en el departamento de Orán.

Fue otro capítulo dentro de la profunda crisis en que se encuentra la industria azucarera, crisis cuya verdadera dimensión parece desbordar a las autoridades provinciales y también a los legisladores. En este escenario, la conducción sindical que actúa en San Martín del Tabacal y en San Isidro adoptó desde hace años una conducta radicalizada, que conduce a la clausura de las fuentes de trabajo.

La producción azucarera genera en Salta más de cinco mil puestos de trabajo; el promedio de los salarios que pagan esas empresas duplica a la media provincial, y se trata de actividades dinamizadoras de los departamentos en los que se desempeñan.

La conducción sindical, cooptada por una ideología clasista y violenta, se ha convertido en protagonista de una crisis que, por supuesto, va mucho más allá del aspecto salarial. Es probable que sus dirigentes no perciban que la prioridad de los asalariados es preservar su empleo; por eso, han claudicado a cualquier posibilidad de negociación razonable. Los incidentes violentos del viernes tuvieron como protagonistas a grupos de encapuchados que, habitualmente, no son asalariados.

Los ingenios salteños están muy cerca de desaparecer de Salta. San Isidro ya suspendió por completo su actividad y San Martín del Tabacal despidió a cerca de 200 empleados considerados "excedentes".

En ambos casos, las empresas plantean fundamentos económicos y laborales. La caída de los precios internacionales del azúcar, el tipo de cambio y la presión tributaria conforman una ecuación económica compleja, a la que se agrega, denuncian, pérdidas multimillonarias debido a acciones gremiales que caracterizan como "extorsivas".

Más allá de las razones de los empresarios, la violencia del sindicato azucarero, en ambos ingenios, ha sido evidente en los últimos años. Frente a esos planteos clasistas radicalizados, durante años las autoridades y los legisladores salteños actuaron con extrema pasividad.

Los informes documentados por ambas empresas y que no fueron refutados por la dirigencia sindical, anticipan un final dramático: la industria azucarera es inviable, ya que ningún inversor va a destinar cientos de millones de dólares a una actividad que solo genera violencia y quebranto, el Estado no está en condiciones financieras ni operativas para hacerse cargo, y la ilusión de algunos gremialistas de quedarse con la industria carece de sustento.

En ninguna economía real, los derechos de los trabajadores se sostienen si no se sostiene la actividad que genera el empleo, el salario y el sistema social. La experiencia socialista y su remedo, el populismo del siglo XXI, demuestran que sin inversión y sin tecnología, no hay buenos salarios ni se sostiene la capacidad de consumo sobre bases genuinas.

Es evidente también que Salta no ha logrado brindar plenas garantías jurídicas y políticas a los inversores.

La radicalidad de los gremios azucareros y el activismo político que aprovecha y atiza los conflictos solo ha contribuido a esta decadencia.

Las políticas gremiales solo son genuinas y eficaces cuando buscan para los trabajadores lo mejor, dentro de lo posible. Cuando la dirigencia actúa, por ignorancia o por intereses inconfesables, al margen de los límites de la realidad económica, lejos de defender los intereses de los trabajadores, conspira directamente contra la paz social.

El escenario social de la Argentina es fruto de esos desacoples.

Con un 30% de pobres e indicadores alarmantes de desempleo, sub empleo y de empleo no registrado, es evidente que el problema central es la generación de actividad productiva, modernización profesional y generación de trabajo sustentable.

Este criterio merece ser considerado seriamente por los gremios estatales, en vísperas de las negociaciones paritarias. También las arcas del Estado tienen límites y el derecho de los trabajadores a mantener el poder adquisitivo de sus salarios no se agota en un aumento. La inflación es un cáncer que carcome a toda la economía. Los dirigentes gremiales deben asumir que un reclamo insostenible y un aumento impagable son, sim plemente, un nuevo engaño a los trabajadores.