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Sergio Romero - Editorial de El Tribuno - Salta

 
 
Catástrofe en una región marginada del desarrollo

 

El norte salteño, a la vera del río Pilcomayo, y toda la región vecina del chaco paraguayo y boliviano, viven horas de vigilia. Para sus pobladores, la crecida de los ríos puede transformarse en una verdadera catástrofe, que arrase con sus tierras, sus casas y su ganado.Son miles de personas que viven en pequeños pueblos o en comunidades rurales y que aparecen hoy en la agenda de los medios nacionales ante la inminencia de un desastre.

Se trata de una región olvidada históricamente, porque está afuera de los mercados en un país donde las políticas de desarrollo brillan por su ausencia. Una zona excluida de las posibilidades de inversión rural por la falta de infraestructura, por la lejanía y, sobre todo, por la arbitrariedad de un ordenamiento territorial que pretende conservarla congelada en el pasado.

El país federal sigue siendo una ilusión. La cultura que prevalece, en la Capital Federal y en los grandes centros urbanos, solo contempla al interior profundo con el prisma del turismo o cuando ocurren catástrofes como la que hoy aflige a Rivadavia, Santa Victoria Este, Hito Uno, Misión La Paz y Santa María.

Hace 26 años, exactamente, la misma zona fue escenario de otra tragedia: la epidemia de cólera que atravesó el continente y se cobró cientos de vidas en la frontera, especialmente entre las comunidades originarias de esa zona de nuestra provincia, pero no avanzó más allá del trópico.

En ese episodio quedó a las claras el nivel de olvido que padece nuestro chaco salteño. No es extraño: un medio porteño se preguntaba hace unos años "por qué al Chaqueño Palavecino le dicen chaqueño si es salteño".

Hoy, la posibilidad de que ceda una represa amenaza con una crecida descomunal en Villamontes que llegará a Rivadavia y a toda la cuenca.

Las obras de la represa, denominada Caiguami-Chimeo, se iniciaron en 2015 con la presencia del presidente Evo Morales. El embalse tiene una altura de 34 metros y su capacidad supera los dos millones de metros cúbicos de agua, a apenas 10 kilómetros de Villamontes.

Las inundaciones son fenómenos recurrentes en nuestro chaco semiárido. La crecida de los ríos suele aislar parajes enteros y sus pobladores están habituados a semejantes sacrificios.

Se trata de inmensas extensiones donde solo se desarrollan economías de subsistencia, donde la gente se acostumbró a vivir en la precariedad y donde el país y la provincia están desaprovechando un enorme potencial de desarrollo agrícola, ganadero y forestal, que incluye por cierto la capacidad de trabajo y el conocimiento por experiencia de los habitantes.

No se trata de una situación excepcional, pero lo inevitable, puede ser controlado. Las condiciones climáticas siempre condicionaron al desarrollo de los pueblos y estimularon la generación de recursos tecnológicos que permiten el manejo del agua, el aprovechamiento del calor, la protección contra las heladas y la adversidad de la distancia; pero la tecnología moderna solo llega a donde los Estados deciden llevarla. La inversión en obras de infraestructura es imprescindible para que el chaco salteño sea habitable y ofrezca a su gente las mejores condiciones de vida.

Para que el Estado, especialmente el nacional, asuma ese compromiso, es imprescindible una conciencia clara de que el acceso de los chaqueños a los beneficios de la modernidad es un derecho y una necesidad para ellos, y será también un paso estratégico para el país y para la provincia.

El chaco salteño, hoy inundado, es también víctima de epidemias tropicales y es una región donde la desnutrición y la mortalidad infantil se convierten periódicamente en noticia nacional.

Es inconcebible un desarrollo que privilegie, como ocurre desde hace dos siglos, a la región central del país y se desentienda de territorios inmensos donde la vida transcurre lejos de los beneficios de la vida urbana.

Mientras nos solidarizamos con las personas amenazadas por el agua, es oportuno aprovechar esta difícil situación para reflexionar seriamente sobre la inclusión real a la agenda prioritaria de la Nación y la provincia de la ciudadanía que vive a orillas del Pilcomayo.