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Editorial de El Tribuno de Salta - Fundado el 21 de agosto de 1949. Director: Sergio Romero

 

 

Los 44 héroes del San Juan merecen nuestro compromiso

 

 

Las horas dramáticas vividas por la desaparición del submarino ARA San Juan generan, en primer lugar, un legítimo sentimiento de solidaridad con los 44 tripulantes y con sus familias, a las que les toca vivir horas de pesadilla. Muchos argentinos sufren como propia esta tragedia y sienten como hermanos y como héroes a las víctimas.

Al mismo tiempo, la incertidumbre originada en la ausencia de información precisa sobre lo ocurrido con la nave militar da lugar a infinidad de interrogantes, versiones y sospechas. La prudencia aconseja esperar, más allá de la angustia, a que se conozcan datos precisos, se releven las evidencias y que los peritos realicen su diagnóstico.

Estas personas, comprometidas en tareas arduas y desarrolladas en zonas riesgosas como los océanos, son servidores públicos dedicados a la defensa del territorio nacional, la conservación de nuestros recursos y la seguridad de todos los argentinos.

El submarino siniestrado no es "de la Armada": es una nave militar argentina. La diferencia es significativa, especialmente en una época en la que la reivindicación del rol militar resulta políticamente incorrecto, es decir, propicio para provocar críticas por lo general frívolas y prejuiciosas.

Esa actitud es generalizada en algunos ámbitos intelectuales que han logrado desarrollar un consenso adverso a cualquier forma de preservación del orden, aun a costa de las seguridades colectivas. Por eso, descalifican cualquier uso de la fuerza por parte del Estado. Tal filosofía, aplicada a las Fuerzas Armadas, descalifica su misma existencia enarbolando como argumentos los valores del pacifismo. La experiencia de cincuenta años de golpismo y de una década de terrorismo sigue condicionando nuestra cultura política.

Es hora de dejar de identificar a las Fuerzas Armadas y de seguridad como instituciones con episodios o modalidades políticas que ocurrieron hace décadas.

A nadie, en su sano juicio, se le ocurriría hoy reivindicar el secuestro y desaparición de personas, la tortura y el robo de recién nacidos, ni tampoco es concebible suponer, como ocurrió entre 1930 y 1983, que el Ejército podía funcionar como un poder alternativo a los partidos y al servicio de minorías. Tampoco se podría propulsar una estrategia militar ofensiva contra otros países.

La democracia necesita proteger su soberanía. Tan es así que entre los íconos de la Galería de Patriotas Latinoamericanos, inaugurada en 2010 en la Casa Rosada e inspirada por los pensadores pacifistas y garantistas, el 90 % son militares.

No es momento de analizar si el ARA San Juan recibió el mantenimiento que requería o si la restauración que demandó siete años estuvo bien o mal hecha. No es momento, entonces, para la interpelación al ministro Oscar Auad que pide la exministra Nilda Garré. Es momento, sí, para empezar a diseñar, sin dilaciones, las políticas militares que requiere nuestro país si pretende seguir siendo una nación independiente y si se propone bloquear cualquier nuevo intento de ataques terroristas.

La Argentina no se encuentra aún en el centro de ninguna hipótesis de conflicto, pero nada garantiza que esa situación no pueda producirse.

Con la mitad de su territorio en la plataforma marítima y en el sector antártico, sus aguas contienen reservas alimentarias y energéticas formidables y tentadoras. Además, gran parte de nuestra zona continental se encuentra desguarnecida y vulnerable a potenciales ataques externos . A esto se suma la muy vigente amenaza terrorista.

En los últimos treinta años, el equipamiento y la modernización militar del país han retrocedido a niveles extremos y de ese modo estamos en franca desventaja respecto no solo de las potencias, sino también de los países vecinos.

Debemos asumir que esta situación es insostenible. Sin una definición precisa de los objetivos, recursos y presupuesto, las actividades militares seguirán desarrollándose con muy poca seguridad para el personal y la indefensión del país irá en aumento.

Replantear las conductas y tomar decisiones adecuadas a las necesidades argentinas será nuestro mejor homenaje a los 44 héroes del submarino ARA San Juan.