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Francisco Sotelo

Por Francisco Sotelo para El Tribuno de Salta
 

En un clima distendido, a pesar de las naturales tensiones de la campaña, Juan Manuel Urtubey optó por eludir las confrontaciones y se esforzó por definir, con una claridad que hasta ahora no había puesto de manifiesto, sus aspiraciones presidenciales. Fue una conversación amable que mantuvo con El Tribuno esta semana. Casi informal. Pero la confrontación existe. Probablemente, sea más dura de lo que los protagonistas admiten. "Se está disputando poder", señaló el gobernador. Mucho poder.

Mañana comienza el tramo final de sus doce años de mandato y el primer tramo decisivo de una carrera presidencial a la que intenta poner paños fríos. Cuando afirma que "es necesario que a Macri le vaya bien" se esfuerza en explicar que "no es una cortesía sino una necesidad real". Como gobernador y como aspirante a disputar en las grandes ligas. Urtubey explicó su idea de que "el país se está pintando de amarillo".

"La gente decidió que este es el camino; la gente optó por la previsibilidad y el peronismo está obligado a ser creíble, para no quedar afuera", definió. Por ahora, no da fechas ni plazos, pero en su análisis de la evolución posible del país hay dos fechas claras: 2019 y 2023. De lo que pase dependerá su proyecto nacional.

El provincial, queda claro, tiene plazo de vencimiento. Al respecto, aseguró que no quiere "herederos" y que espera que el candidato del justicialismo en 2019 surja de las Paso (un sistema electoral por cuya continuidad apuesta).

"Todo termina, hasta la vida", afirmó. Sin embargo, descarta una reforma constitucional, que permitiría introducir algunos cambios políticos como los que insinúa para la provincia. "Cumplamos la Constitución, porque la experiencia nos dice que cambiarla no nos ha dado buenos resultados" argumentó. La realidad es que una reforma constitucional que limitara los mandatos de quienes ocupan una banca o aspiran a sucederlo podría generar un desgaste e impedir un aterrizaje sin turbulencias y un despegue sin obstrucciones.

Un posicionamiento - que no llega a ser una definición - quedó formulado frente a las reforma laboral y tributaria que deberán negociar los gobernadores con el presidente Macri apenas dentro de una semana. Urtubey defiende la reducción de costos para el empleador: reducir los aportes patronales para alentar el empleo en blanco; con más aportantes, el aporte de cada uno puede ser menor sin reducir el ingreso del sistema. "El límite infranqueable será la preservación de los ingresos de los trabajadores", aclaró, aunque añadió que no conoce ningún proyecto en concreto. Sobre el sistema impositivo enfatizó que "es imprescindible pero que habrá que ver la letra grande y chica".

Eso si, adelantó que la demanda de la provincia de Buenos Aires por el fondo del Conurbano es "inconstitucional e impracticable".

¿Cómo es la Argentina que se imagina Urtubey?

Hasta ahora cuesta delinearla. "Es prematuro hablar de un lanzamiento", señala. Probablemente, un país "teñido de amarillo" como el que vislumbra le haga pensar que es muy probable que 2019 será del macrismo.

"Hay un realineamiento y lo más probable es que en el futuro, dentro de un criterio básico compartido, las corrientes se diferencien entre la prioridad de los derechos sociales y los que prioricen el desarrollo económico; el peronismo deberá definir sus alianzas entre esas afinidades o diferencias".

En 2011, apenas obtuvo su reelección, Urtubey puso en marcha una campaña -nunca admitida- pensando en ser candidato ese año. Luego, moderó sus posiciones ante la evidencia de que Cristina Kirchner sería reelecta. En 2015, apenas lograda su segunda reelección, pronosticó el fin del kirchnerismo y acompañó a Daniel Scioli en su campaña. Ahora, más allá de su presencia en los medios nacionales, su postura oficial ante los salteños es de moderación: terminar bien el mandato y ver qué posibilidades se van abriendo.