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Daniel Avalos para Cuarto Poder - Salta

 

 


A días de unas PASO que serán sosas, el oficialismo “U” mira sin festejar la ventaja de Andrés Zottos en el bando propio, el municipio de Sáenz lamenta las torpezas de Martín Grande y en Tartagal hacen fuerza para que el votante capitalino impulse al “Oso” Leavy a una banca nacional. (Daniel Avalos)

Las PASO del próximo domingo se volvieron radioactivas para el ciudadano de pie, quien al quedar atrapado en alguna discusión sobre ellas blasfema contra las mismas, confiesa entender poco qué se vota o se aleja de la charla con las manos en los bolsillos y silbando bajito. El desánimo alcanza a no pocos militantes que sí se esfuerzan por imaginar escenarios y entregarse a sumas y restas que otorgan o quitan chances al candidato preferido.

Con las precandidaturas a diputado nacional, el poco entusiasmo se trasladó al entorno cercano al de los dos oficialismos importantes de la provincia: el que reside en el Grand Bourg y conduce Juan Manuel Urtubey, y el que -ocupando el Centro Cívico Municipal- lidera el intendente Gustavo Sáenz. Entre los primeros nadie duda del triunfo en octubre aunque un fantasma sobrevuela sobre ellos: que la dispersión del voto producto de la participación de seis candidatos otorgue el domingo 13 de agosto un primer lugar a Martín Grande o Sergio Leavy que así podrían presumir de ser la sorpresa de las PASO y asegurar que representan una bocanada de aire fresco en la política provincial lo cual podría ser factible. Después de todo, el periodista es la segunda vez en seis años que participa de una elección y el intendente de Tartagal no es del todo conocido en la Capital y menos aún en los valles de Lerma y Calchaquí.

Que Andrés Zottos corra con ventaja sobre el conjunto de los precandidatos del oficialismo multiplica la preocupación entre el urtubeicismo. También tiene sentido: el ex vicegobernador corre con ventaja simplemente porque es más conocido que el resto de los candidatos “U”, aunque un potencial triunfo suyo el domingo próximo dejará al oficialismo con una figura incómoda para octubre: la cara repetida durante dos décadas que permitirá a los adversarios enfatizar que la dirigencia “U” esta gastada, fosilizada y carece de mística alguna.

De allí que muchos armadores del Grand Bourg piensen que Matías Posadas sería el dueño de un perfil adecuado para las generales aunque los que así piensan están ahora atravesados por el desánimo propio de quienes saben que para ganar, se requiere de dos condiciones que no alcanzan al referente del Frente Plural: calle y unanimidad palaciega.

Lo primero se relaciona con el hecho de que aun poseyendo una mayor intención de votos que el propio Zottos en la capital provincial, el nivel de conocimiento de Matías Posadas en el interior provincial es muy bajo. Lo segundo, en cambio, se vincula con la balcanización de candidaturas que el oficialismo no supo evitar y que ahora se ve correspondido con la balcanización de padrinazgos particulares que perjudican al propio Posadas con la figura, por ejemplo, del precandidato Lucio Paz Posee: el empresario agropecuario que según los encuestadores no tienen chances de ganarle a Posadas aunque sí lo puede hacer perder por dos razones: le resta votos en Capital y apoyos en un interior donde varios intendentes reciben pedidos de apoyo para el empresario agropecuario de dos hermanos importantes: Rodolfo y José Urtubey.

Una decidida intervención del gobernador en favor de Posadas podría desequilibrar la balanza, aunque Urtubey parece demasiado inclinado a no ser parte de las contradicciones internas del momento. Y en ese marco, Andrés Zottos avanza no tanto por impulso del gobierno sino por el ímpetu personal de quien nunca fue un genio político aunque conoce bien la rosca criolla-provincial, mucho más las ambiciones nacionales de Urtubey y sabe que ganando las PASO será el mismo gobernador quien salga a decir maravillas de él por los próximos dos meses. La combinación de variables que le juegan a favor logró incluso un hecho inédito: que abultada billetera personal del actual senador se abriera por fin para movilizar enormes recursos que le eviten el ostracismo político que siempre supone un alejamiento permanente del Poder.

Pésimo comunicador

A pesar de lo mencionado el Grand Bourg está seguro de que el triunfo en octubre es un hecho y no descarta quedarse con dos de las tres bancas nacionales en juego. Tamaña confianza reside en la fenomenal maquinaria electoral que intendentes y legisladores del interior provincial pondrán en marcha en favor del candidato “U” cuando el gobernador lo disponga; pero también porque el adversario principal, Martín Grande, insiste en ejecutar movimientos que provocan rechazo en donde se presenta y desgaste en donde ya lo conocen.

La escasa presencia territorial era hasta ahora la falencia que todos le remarcan: sin el apoyo romerista el periodista apoyado por Macri queda huérfano de capitanes y soldados que puedan ocupar eficazmente las cerca de 3.000 mesas de votación con boleta papel que habrá a lo largo y ancho de la provincia. Datos empíricos lo confirman: el empresario carece de listas de concejales propias en 13 municipios que reúnen a 50.803 electores que representan el 5,12% del total del padrón. En ese marco, era el radicalismo quien más presencia territorial le aportaba con 33 listas de concejales en 32 municipios aunque de ese total, las 24 lideradas por el oficialismo radical de Miguel Nanni habían adelantado apoyo al candidato de Cambiemos.

Muchas de esas listas protagonizan ahora una rebelión contra el oficialismo partidario y adelantan sus preferencias por Rubén Correa, el rival de Grande en las PASO. En ello mucho tiene que ver la necesidad de los simpatizantes radicales por contar con un candidato propio, pero también las características del propio Martín Grande que está lejos de parecerse a esos generales cuyo genio les permite diseñar y ejecutar movimientos que combinados entre sí posibilitan concretar grandes objetivos. Un ejemplo pincela bien la carencia de razonamiento político y la incapacidad del candidato para identificar los escenarios centrales donde deben librase las grandes batallas.

Ocurrió durante la semana en Tartagal, la tercera ciudad en importancia en términos electorales y donde un aliado radical como Mario Mimesi -quien posee una alta intención de voto en esa ciudad- podía traccionar voluntades a un precandidato poco conocido en el norte. Allí Martín Grande emitió declaraciones inclasificables en términos políticos: que la ciudad “olía a caca” y con el tono y la pose propia del señor elegante que precisa escapar de una atmosfera atosigante.

Tras el rechazo generado entre la población del lugar, Rubén Correa cosechó compromisos importantes de la dirigencia radical: algunos le aseguraron que no moverán un dedo por el candidato de Macri aun cuando públicamente no puedan romper con él; otros le hicieron público su apoyo. Lo último ocurrió el miércoles en General Mosconi. Allí, con la solemnidad que caracteriza a los hombres y mujeres del interior, el presidente del Circuito Departamental de la UCR, Fredy Izurza, lo presentó ante una treintena de radicales que firmaron un acta en la que se detalla que Correa presentó sus credenciales personales y partidarias, dio su punto de vista sobre la situación provincial, denunció que la Casa Rosada quiere fagocitar a la UCR y en la que se dejó sentado que los participantes “coinciden en el apoyo a la candidatura del profesor Correa” aun cuando allí la lista radical apoyaba antes al propio Martín Grande.

Hay quienes aseguran que Martín Grande no dimensiona el volumen de sus torpezas que parecen haber dejado de ser hijas de la vanidad para serlo de la obstinación. Hay diferencia entre una cosa y otra: la primero es propio de quien quiere creer que los demás ven en él lo que él cree de sí mismo: un hombre simpático; mientras lo segundo prescinde de la aprobación del otro para sólo escuchar el mandato del capricho personal.

No obstante ello, el entorno de Grande asegura que el periodista se quedará con una banca nacional porque las encuestas indican que en la capital provincial posee un 33% de intención de votos. Se trata de un porcentaje alto que combinado con unos cuantos puntos del interior permiten llegar al 18% provincial que se requiere para acceder a una banca. El único antecedente electoral de Martín Grande da solidez a esos dichos: fue en el año 2011 cuando se postuló a intendente de la ciudad y con 67.654 votos llegó al 28,6% del electorado capitalino.

Ello más el apoyo explícito del presidente Macri desliza a algunos operadores a concluir que Martín Grande puede superar los 20 puntos. El cálculo es compartido por gente del Grand Bourg y el Gobierno de la Ciudad que también coinciden en otra cosa: que el periodista se haría un favor si dejara de hablar aunque como asevera un lugarteniente del intendente capitalino ni siquiera los silencios son interesantes en ese comunicador.

El oso K

Distinta es la situación del otro precandidato con serias chances de acceder a una banca nacional: el kirchnerista Sergio Leavy. Y es que todo el ambiente político reconoce en el “Oso” un cuadro político, de esos que son capaces de otorgarle a un conglomerado de dirigentes objetivos estratégicos y elegir el momento y lugar para realizar los movimientos que ayuden a alcanzarlos. Algunos de sus operadores aseguran incluso que el jefe comunal de Tartagal podría ser el vencedor de las PASO del domingo por la dispersión del voto “U” y el escaso conocimiento que Martín Grande posee en un interior que reúne al 57% del padrón electoral.

El razonamiento peca de optimismo aunque el mismo para nada resta chances a un dirigente cuya imagen atraviesa al 100% de un norte provincial que con San Martín, Orán y Rivadavia reúne al 25% del padrón electoral; posee una alta intención de voto en esa región que es producto de la gestión de Leavy en Tartagal, el rechazo que genera el macrismo en el norte y una población que cansada de las figuras políticas de la capital quieren darle un empujón al hombre que saliendo del norte busca dar pelea en el conjunto provincial en donde logró montar listas en casi todo los municipios. No se trata de poca cosa: es la condición de posibilidad para reclutar a dirigentes políticos y referentes territoriales que conocen bien los secretos electorales del interior provincial, poseen alta experiencia en competencias que usan las boletas de papel y más aun para identificar a quienes se debe recurrir para garantizan fidelidad a un candidato.

De esos elementos carece Leavy en la Capital provincial. Y esa carencia y un nivel de conocimiento que es inferior al resto de los candidatos -incluido Pablo López del PO-, constituye una debilidad que los operadores del intendente de Tartagal relativizan con solvencia: en estas elecciones no necesita que todos los capitalinos conozcan al candidato, alcanza con que todos los identificados con los 12 años de gobierno kirchnerista lo conozcan y eso es factible por razones cuantitativas y cualitativas: hablamos de la mitad de la población de la ciudad y una mitad que suele estar interesada en la política. “Por ello mismo así como yo voy en busca de ellos, ellos también andan buscando al candidato de Cristina aquí”, dicen que el Oso le dice a los suyos.

La elección de Walter Wayar como precandidato a senador provincial también pareció motivada por urgencia de ese tipo: lograr que alguien con influencia en los valles calchaquíes le abra las puertas de municipios que ubicados a casi 600 kilómetros de Tartagal, conocen casi nada al candidato que eligió presentarse como el hombre de Cristina en Salta. Leavy, en definitiva, evitó ir por el todo que requiere tiempo y recursos, para concentrarse en una parte de ese todo que de ser alcanzado le asegura unas PASO auspiciantes y una banca en octubre.

Los números que maneja el propio Grand Bourg parecen darle la razón: 13% de intención de votos en toda la provincia. Un porcentaje que el kirchnerismo salteño califica de mentiroso aunque aun siendo cierto, está lejos de ser poco auspiciante por algunas razones de peso: tras las PASO habrá dos meses más para trabajar en su instalación y tras las PASO candidatos y dirigentes del oficialismo que queden eliminados de la competencia devendrán en hombres y mujeres heridos en su orgullo. No hay que descartar que Sergio Leavy vaya a su encuentro para recordarles que al Grand Bourg le molesta poco el torrente de improperios del que pueda ser blanco, pero que sí le irrita que votos que creía propios terminen engordando a otros.

Si a todo ello se le suma un triunfo de Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires, como muchos pronostican, las chances del intendente de Tartagal se agigantarán tanto que no habría que descartar que se vuelva blanco de operaciones políticas y mediáticas que como todas busquen resolver discrepancias políticas con calumnias a veces y con carpetazos otras.