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En el transcurrir del tiempo histórico encontramos actores sociales que adquieren por derecho propio un espacio en la escena universal, y que con su labor determinan acciones claves en la configuración de la emancipación no solo argentina, sino que cimentan la independencia de otras naciones latinoamericanas. Tal el caso del General Don José de San Martín, quien, con diestro brazo ha labrado de manera eficaz el principio de libertad para los pueblos hispanoamericanos.

Ocioso sería enumerar aquí la vasta obra militar desarrollada tanto en Europa como en América Hispana. Es interesante analizar su gestión civil, el San Martín estadista, primeramente como Gobernador de Cuyo, y luego en similar función como Protector del Perú.

El 10 de agosto de 1814, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Don Gervasio Antonio de Posadas lo nombró Gobernador - Intendente de la Provincia de Cuyo, región integrada por Mendoza, San Juan y San Luis.

El documento de designación hace referencia a "un jefe de probidad, prudencia, valor y pericia militar, cuyas cualidades, con las demás que se requieren para su desempeño, concurren en la persona de Don José de San Martín. En el despacho de Posadas se ordena al Cabildo de la ciudad de Mendoza, la inmediata entrega formal del mando con el sueldo, honores y prerrogativas que han gozado sus predecesores sin que le falte cosa alguna.

El gobernador

José de San Martín entra en Cuyo un 8 de septiembre de 1814, en primavera, cuando los sauces de la Cañada verdeaban, las glicinas estaban floridas y en el ambiente se respiraba el olor fresco.

Este es el escenario en el que nuestro prócer debía iniciar su obra civil, la que sustentaría su proyecto de cruzar los Andes, objetivo primo de su gobierno. A tal efecto, el Cabildo de Mendoza había preparado al flamante gobernador un alojamiento oficial y una recepción solemne, pero San Martín siempre austero había gestionado con anticipación un alojamiento sencillo en una casa de familia. Bien pronto descubrieron los mendocinos en el nuevo gobernador modalidades y virtudes poco comunes que conquistaban respeto, simpatía y admiración.

Destaco la misteriosa grandeza que fluía de su personalidad un hombre que predisponía favorablemente con su sola presencia y conquistaba a cuantos le conocían por su conducta ejemplar.

Oscar Mallet, viajero francés que visitó Cuyo en esos años, expresa que el pueblo no evidenciaba cambios en su vida habitual, y que todo se había reducido a un cambio de autoridades. La llegada de San Martín implicó el advenimiento de un soplo renovador, con él llega la Revolución de Mayo a Cuyo. San Martín opera un cambio en las conciencias, especialmente de los mendocinos, hace comprender a la jurisdicción cuyana que se estaba en guerra con España y que del triunfo de las armas dependía la libertad política y un nuevo estilo de vida. Por otra parte debía concientizar en el sentido de que la búsqueda del triunfo no debía limitarse a una provincia, ni a una región, ni siquiera a una nación, sino a toda la América Hispana.

 

El visionario

 

Pronto la modesta aldea que era Mendoza, sintió la influencia del gobernante de visión europea y moderna. La historia y la tradición oral recuerdan con orgullo el gobierno de San Martín en Mendoza, como el período más brillante y de más fervor patriótico en esa región. El gobernador supo transmitir a su pueblo la pasión por la libertad y por las grandes hazañas, y en los órdenes jurídico y administrativo actuó con ejemplar tino y juiciosa equidad, como un buen juez de leyenda. Son innumerables los casos, ciertos o imaginarios, que todavía se le atribuyen, y en todos ellos se alaba su criterio humano y comprensivo.

Surge en Cuyo el San Martín estadista, el hombre de pensamiento elevado, de miras amplísimas, su filosofía impregnada de estoicismo y don de gente. Ese ejemplo influyó en el ámbito social de lo que él llamaba "su ínsula", donde se sintió rodeado por la simpatía y el cariño popular.

Esto no lo transforma en gobernante demagogo, porque no concedió favores, por el contrario: fue riguroso y justo, actuó de acuerdo a las circunstancias revolucionarias que exigían privaciones y sacrificios. El cargo de gobernador comportaba deberes militares y civiles. A unos y otros se dedicó con igual empeño. Para su acción administrativa y política se sustentó en el Cabildo, el que le prestó adhesión desde su llegada. Ofició de secretario Manuel José Amite Sarobe, junto a dos escribientes, pero fiel a su costumbre, todo lo hacía por sí mismo.

San Martín estaba decidido a formar un ejército capaz de realizar la campaña continental que le obsesionaba, y a este fin se subordinaron todas las acciones gubernamentales, en una etapa de la historia cuyana en que los recursos estaban extraordinariamente menguados. Sin embargo nuestro prócer sumó voluntades, forjó conciencia en el soberano y obtuvo los elementos necesarios para la concreción de su plan continental.

Políticas de largo plazo

Coetáneamente a los aprestos para cruzar los Andes, impulsó planes de fomento agrícola, que incluyeron la almoneda de las tierras públicas, un proceso de licitación para la venta de espacios fiscales destinados a surtir las arcas cuyanas de dinero, pero también para el fomento de la producción agrícola. Particularmente en la zona de Barriales en Mendoza. Complemento necesario fue la creación de canales de riego y desagües, lo que permitía incorporar tierras a la producción agrícola. Incentivó la plantación y cuidado de alfalfares y trigo.

También hubo intentos por introducir el cultivo del tabaco en San Juan y de moreras en Mendoza con vistas a iniciar la cría de gusanos de seda. La creación de postas y el mejoramiento de las ya existentes configuraron otro elemento de comunicación entre poblados. Otra medida fue la promoción de la construcción de carretas y cabalgaduras. Promovió la primera ley de protección a un producto nacional: el vino cuyano. Otra inquietud sanmartiniana fue la promoción de la fabricación de tejidos, de bayetillas, a cargo de tejedoras sanluiseñas y abatanadas en el molino de don Andrés Tejeda, hábil mecánico ayudado por don Dámaso Herrera.

Reglamentó el servicio de correos, de policía y del servicio carcelario. Empleó a los desocupados en el blanqueo de las casas y en el cuidado de la ciudad.

Estableció un laboratorio de salitre, una fábrica de pólvora y un taller de confección de paños para vestir a los soldados. Fundó de la mano de Fray Luis Beltrán la metalurgia a nivel nacional, indispensable para fabricar las armas del ejército. La fragua y los talleres montados en Mendoza, fueron en su tiempo, el mayor establecimiento industrial con que contó el actual territorio argentino: unos 700 operarios trabajaban en ellos.

Pionero en la defensa del obrero rural: dictó la primera ley protectora a nivel nacional de los derechos del peón rural, obligando a los patrones a certificar por escrito el pago en tiempo y forma de su salario. Reglamentó el trabajo social y suprimió la vagancia, el juego y el delito. A tal efecto la creación del cargo de decurión, suerte de alcalde de barrio, buscó mantener el orden instituido. Estableció la comisaría a cargo del patriota Don Juan Gregorio Lemos. Proveyó de cenas a los encarcelados.

Entre sus obras cabe mencionar también su preocupación por el progreso de la ciudad y la región, aún en aquellos aspectos que hacen a lo urbano. En este sentido, actuó como el mejor edil. Así, cabe mencionar la plantación de una alameda y colocación de bancos para solaz de los vecinos, que durante un siglo fue el paseo preferido de los mendocinos, y avenida en la que él mismo luego residió. También es válido hacer presente el arreglo de calles y los progresos efectuados en materia de riego para las parcelas cultivadas.

El estímulo a la enseñanza pública promoviendo la fundación del Colegio de Ciencias y Humanidades, de la Santísima Trinidad, fue otra de sus inquietudes. Más tarde se concreta este primer secundario, confiando la dirección a Don Lorenzo Guiraldes, con la colaboración de Tomás Godoy Cruz. Su plan de estudio estaba basado en el del Instituto Nacional de Francia que incluía materias como Filosofía, Física, Matemáticas, Historia, Geografía, Dibujo, nociones de Derecho. Es bajo el gobierno de San Martín en que se prohiben los castigos corporales a los educandos.

La vigilancia de la conducta de los sacerdotes, fue otra de las preocupaciones sanmartinianas, para que estos no se apartaran de sus dogmas patrióticos.

En materia de salubridad incorporó al médico inglés Diego Paroissien y al Dr. Isidro Zapata. También incorporó enfermeros y material médico consistente en camillas y botiquines. El 17 de diciembre de 1814, firmó un bando que establecía la obligatoriedad de la vacunación contra la viruela. Creó una junta sanitaria compuesta por facultativos y ordenó a los sacerdotes actuar como enfermeros. También creó juntas para inspeccionar los hospitales cuyanos, que además debían fiscalizar el uso de fondos.

La cortedad de recursos con que contaba San Martín para llevar a cabo la más ambiciosa de las empresas por la emancipación americana le lleva a adoptar medidas extremas como la contratación de un empréstito público, la imposición de una contribución extraordinaria de guerra, un gravamen a los barriles de vino y aguardientes, la regularización de las contribuciones a las pulperías y al papel sellado, la creación de un impuesto al capital. También y siempre con el fin de financiar los gastos del Ejército de los Andes, destinó fondos de la Junta de Temporalidades, de los diezmos y los pertenecientes a la redención de cautivos de los frailes mercedarios para redimir otros cautivos, los americanos.

Con el mismo objetivo organizó una colecta de donaciones gratuitas en especie y en dinero. También declaró en propiedad pública las herencias de españoles sin sucesión.

San Martín se reveló un verdadero estadista en su reducido ambiente y un administrador ingenioso en su ínsula precaria. El ejemplo, lo ofrece él mismo: ante lo exiguo del estado financiero de Cuyo, renuncia a la mitad de su sueldo de gobernador.

En el tiempo que transcurrió en Mendoza, estrechó fuertes vínculos con la gente y con la tierra, fragua del Ejército de los Andes. Amó profundamente su ínsula cuyana a la que recordó siempre en el destierro. Allí se gestó la empresa más osada por la independencia en Latinoamérica, que se inició el 18 enero de 1817, hace doscientos años, allí comenzó a forjarse la segunda etapa de su vida y comenzó a bruñirse el bronce del más grande de los hombres de la Argentina y el más universal de los guerreros.