El periodista Bernardo Neustadt fue el mejor propagandista del programa económico del ex presidente Carlos Menem, hace poco más de 25 años, en la prehistoria de la comunicación política y del sistema de medios audiovisuales. Lo describió como “alto, rubio, de ojos celestes” graficando preferencias ideológicas, raciales y de clase. Alababa los primeros años de gestión mediante una imbatible frase-slogan: “Estamos mal pero vamos bien”.

Nada es idéntico a un remoto ayer pero los parangones ilustran, salvando las distancias. El presidente Mauricio Macri encarna hoy en día la gran esperanza blanca tras haber conseguido algo parecido al Menem de sus primeros años de gestión: ser revalidado después de burlar una parte esencial de sus promesas de campaña, “el contrato electoral”. 

 

Fortalecido en elecciones libres, “Mauricio” apuesta a transformar la ola amarilla en un tsunami de medidas, “la reforma permanente”. Macri cumplió muy rápido una porción decisiva de sus promesas de campaña-2015, las dedicadas a su clase social: devaluación, salida del cepo, endeudamiento externo, retenciones, demolición de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, suba de tarifas de servicios públicos. 

La pobreza cero, la lucha contra el narcotráfico, la creación de empleo digno, la baja de la inflación y una parva de etcéteras siguen esperando su turno que, todo lo indica, no llegará nunca. 

Casi ni se discute: el presente dista de ser ideal para los humildes o la clase media. Un componente muy alto de expectativas y esperanzas aupó al oficialismo, guste o no. Se complementa con el rechazo o hasta el odio al kirchnerismo. Comprender estos factores no equivale a compartirlos ni a presuponer que duren eternamente, sino apenas (nada menos) a leer el mensaje de los votos.

Tras el veredicto de las urnas, las blancas mueven y juegan dos veces seguidas. La ofensiva política, mediática, corporativa y judicial se desataron inmediatamente. 

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El futuro en cuestión: Cifrar la explicación de dos votaciones sucesivas rotundas en las campañas es un reduccionismo abusivo. Cambiemos las maneja de modo muy superior a la mayoría de sus contendientes, dato que no autoriza a caer en un monocausalismo nocivo. 

Al oficialismo se le alineó hasta el sistema electoral, contra el que despotrica a menudo. Las Primarias Abiertas (PASO) lo dejaron en pole position. Sacó provecho de las elecciones de medio turno que tanto cuestiona, tal vez insinuando la eterna tentación de las primeras minorías ascendentes: una reforma constitucional a medida. De eso, por ahora, no se habla pero…

Entre agosto y octubre se completaron casi todos los incrementos de salarios de las paritarias, que rebasaron el porcentaje que el Gobierno quiso imponer al comienzo del año. Los aumentos semestrales de la Asignación Universal por Hijo y de las jubilaciones (dos instituciones creadas en la gestión kirchnerista) atenuaron el impacto de la inflación para sus beneficiarios. No hablamos en detalle, reservado a los especialistas, sino en las percepciones ciudadanas, que son de trazo grueso.

El impulso a la obra pública y a los créditos a particulares, potenciados en el interregno entre las PASO y las generales capitalizaron un recurso de cualquier oficialismo.

En el plano narrativo, el macrismo abandonó la fallida profecía a plazo fijo (segundo semestre de 2016) para situar la mejora en el porvenir sin fecha precisa frente a un discurso mayormente defensivo de sus adversarios, afincado en el pasado.

La redistribución regresiva del ingreso sigue flameando, es constitutiva del clásico proyecto de la derecha, anche en su versión aggiornada del siglo XXI. Ni original ni solitario, este cronista se inscribe entre quienes piensan que el programa económico social del macrismo no capacita para elevar la vida y los derechos de la mayoría de los argentinos, entre otras causas porque no se lo propone, allende la verborragia. 

El asedio al “igualitarismo” encubre como un mínimo taparrabos el afán de reducir la igualdad. La procura de “competitividad” embiste contra el salario directo e indirecto de los laburantes. Conquistas y derechos ganados durante décadas siguen estando en la mira de “gradualistas” y “schokeadores”. 

La agenda de la primera semana después y la de los años que vendrán exacerbarán la cinchada que se desarrolla desde diciembre de 2015. 

Recursos económicos y derechos serán sometidos a la “reforma permanente”. El Congreso, la calle, las Plazas, las convenciones colectivas, el Ágora serán, de nuevo, escenarios de la competencia. Las blancas mueven, las negras también juegan.

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Cuestiones federales de peso: Macri dispuso para mañana un tinglado en el que, suponemos, mezclará zalamerías huecas con propuestas de medidas tendientes a profundizar el “modelo”. 

Los anuncios de normas deberán tomarse con pinzas porque los diseños en el estrado suelen esconder el cuchillo bajo el poncho que acompaña a los proyectos de ley.

La ofensiva arrancó antes del 22 de octubre para florecer desde el lunes 23. Los combustibles líquidos aumentaron, las tarifas plenas de servicios públicos comienzan a hacerse sentir. La bicicleta financiera conserva el record mundial. 

El gobierno central exige a los provinciales que reformulen sus impuestos, reduzcan ingresos brutos, poden el gasto social. Para completar la fiesta, amaga con restarles coparticipación por varios lados, por ejemplo en la “ley de cheque”.

La gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal y el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta controlan sus legislativos. Podrán sacar como por un tubo un nuevo esquema fiscal, que aliviará a los empresarios. Y que, en “la Provincia”, ahondará la asfixia de los municipios.

Los gobernadores de todas las banderías opositoras se reunieron en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) en un amague de defensa propia preventiva. Tendrán que ejercitar el respectivo músculo en el Congreso, a varios se le atrofió en dos años de pereza colaboracionista. 

El reclamo de restitución del Fondo del Conurbano Bonaerense tramita en la Corte Suprema de Justicia, tribunal exclusivo para dirimir tales pleitos. Una decisión favorable a Buenos Aires equivaldría a un cataclismo en los demás distritos. 

Los mandatarios provinciales confían en una solución “política”. La Corte, cuya reputación cayó en picada dese hace dos años, es un tribunal insospechado de seriedad o de presteza. 

La diputada Elisa Carrió retomó sus ataques contra el presidente del cuerpo, Ricardo Lorenzetti, suspendidos en campaña. La virulencia de la jugada permite describirla como un chantaje intra oficialista. En la Casa Rosada ponen cara de distraídos mientras Lilita arrincona a Lorenzetti, cuya conducta camaleónica no le bastó para recibir un trato decoroso. La calidad institucional entra en pausa, la amenaza de juicio político es una desmesura. Lilita afila la espada de Damocles que amenaza la pizca de independencia que conserva el Poder Judicial.

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Provincias, Congreso, su ruta: La correlación de fuerzas en el Congreso y el diseño de los bloques están supeditados a diversas variables, empezando por la magnitud de los avances o desafíos del oficialismo nacional. 

La política es dialéctica, si Cambiemos arrincona a los gobernadores, estos procurarán frenar sus propuestas.

Las diferencias y los eventuales acercamientos entre el peronismo “federal” y el kirchnerismo serán comidilla diaria en Diputados y en el Senado. 

Cuando se poroteen votos en la Cámara Alta crecerá la gravitación de fuerzas provinciales aptas para valorizar su condición de bisagra. El Movimiento Popular Neuquino acostumbra hacerlo, desde 1983. El gobernador electo de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, controla dos bancas “propias” y conduce la tercera (supuestamente de minoría), consecuencia de su hegemonía local. El particular oficialismo de Misiones aspira a integrar el elenco de árbitros. El peronismo pampeano del gobernador Carlos Verna es baqueano en esos manejos.

El gobierno, claro está, se dedicará a cooptar opositores “sensibles” a lo que se apoda gobernabilidad . Dispone de planes de pagos con distinto tipo de monedas.

La penosa performance de las vertientes opo- oficialistas tal vez haga recapacitar a sus adalides y ser más combativos de ahora en adelante. Habrá que ver.

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La derecha, la izquierda y la pared: A siete años de la prematura y dolorosa partida del presidente Néstor Kirchner sería un gran ejercicio comparar los dos primeros años de su mandato con los de Macri. Las diferencias son siderales y ameritan mucho más que estas tres líneas. 

Para retomar el hilo de esta nota recordamos y traemos al presente una de sus frases arquetípicas: “A mi izquierda, la pared”. Kirchner no hablaba sobre abstracciones: se refería a alternativas viables a su gobierno en la realidad argentina. Conocía la existencia de críticas “por izquierda” de partidos sin potencia electoral o de minorías defensoras de derechos (ambientalistas, por ejemplo) sin vocación de gobernar. Agreguemos algún gobierno afín de este Sur que profundizó más reformas: el del boliviano Evo Morales sin ir más lejos.

Pero, como opción política doméstica, nada cabía a la izquierda entre la pared y el proyecto kirchnerista.

Simétricamente, es imposible ubicar en nuestros días nada a la derecha de Macri. Corifeos del oficialismo señalan al “círculo rojo” o usan como coartada los delirios de un puñado de economistas ultra montanos… El esfuerzo fracasa y el mapa electoral lo demuestra.

Correlativamente, se ensanchó el margen a la izquierda. Por lo pronto, las multifacéticas expresiones de la protesta social que proliferaron en la etapa. El kirchnerismo, el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), algunos legisladores progresistas o de izquierda. Una fracción sindical importante, aunque no unánime, organizaciones sociales. Y, desde ya, los organismos de Derechos Humanos que jamás arrían banderas. 

La enumeración es incompleta, da cuenta de pluralidades, que solo se unifican “en la acción”, con frecuencia transversal, policlasista, aunando ciudadanos politizados con otros que se inician en la acción directa. No hay plafón para fantasear con una imposible convergencia política aunque sí para comprender que nadie “sobra” entre el macrismo y la pared. Al contrario.

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Con reglas o sinmigo: El Gobierno redobla la iniciativa, fortalecido por el veredicto popular: es un punto de la bolilla uno de la acción política. Es lícito, aunque abierto a controversia, que formule propuestas de derecha, aunque hayan sido causantes de crisis pasadas, como la catástrofe de 2001.

Los avances de la coalición Cambiemos incluyen otras tácticas y otros jugadores. La impudicia de los jueces federales de Comodoro Py genera un cronograma persecutorio como preludio y como continuidad de la elección (ver nota aparte).

La concentración de los medios se radicaliza. Si alguien hubiera profetizado, dos o tres meses atrás, que la señal C5N sería adquirida por un grupo comandado por un ex alumno del colegio Cardenal Newman, condiscípulo de Macri y ex directivo de Clarín, lo habrían tildado de exagerado y panfletario. Ocurre, caramba.

Las oposiciones (el kirchnerismo, en primer lugar) afrontan el desafío conjunto de poner coto a las crecientes ínfulas autoritarias del oficialismo y de ir articulando una alternativa política que pueda vencerlo en las elecciones de 2019. El viejo truco de construir el barco mientras se navega, en mar picado… tan dificultoso como imprescindible.               

Los adversarios políticos de Macri pifiarían si apostaran a ser “socios” de la crisis de sustentabilidad que, seguramente, acecha al Gobierno pero cuya duración es impredecible. 

Por ahora, como decía Neustadt, lo dejamos ahí.

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