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Alejandro Borensztein

Por Alejandro Borestein para Clarín

 

La quemaron. Amigo lector, no tenga ninguna duda de que a la guita la quemaron. Bonadio Perforation & Excavation Company podrá agujererar todo el suelo argentino que sólo se va a topar con un papelón atrás de otro. Ojalá me equivoque pero me temo que será así. Mejor empecemos por el principio.

“La plata hace girar al mundo” dice la letra de “Money Money”, la canción que Liza Minelli cantó por años (“Money makes the world go around… the world go around”). En todos los países es igual.

La diferencia es que acá la plata a medida que va girando, rápidamente va desapareciendo sin que nadie pueda explicar con precisión adónde va a parar.

Hay mil teorías al respecto, pero la mejor síntesis del asunto se resume en el siguiente dato: el billete de 100 pesos que hoy circula agonizante entre nosotros, cuando Menem y Cavallo lo emitieron valía 100 dólares. Hoy vale 2,5 dólares. Para que se entienda bien lo escribo en letras, como en los cheques: dos dólares con cincuenta centavos.¿Hace falta explicar algo más? Esta nota podría terminar acá. Sin embargo, vamos a tratar de remarla un poquito más.

Tenía razón Néstor Kirchner cuando, según cuenta Uberti, pateaba furiosamente los bolsos contra las paredes cada vez que, en lugar de traerle dólares o euros, le traían pesos. Como cualquiera que haya vivido algunas décadas en la Argentina, sabía que al poco tiempo esos pesos no iban a valer nada.

Aunque esto ya fue dicho infinidad de veces, siempre vale la pena recordarlo: un argentino que hoy tiene 50 años vio pasar cinco monedas diferentes. El Peso Moneda Nacional (hasta 1969), el Peso Ley 18.188 (d 1970 a 1982), el Peso Argentino (de 1983 a 1985, este no nos duró nada), el Austral (de 1985 a 1991) y el Peso Convertible que todavía se arrastra penosamente por los cajeros de la Patria.

Esto significa, amigo lector, que lo que usted tiene en la billetera en este preciso momento es un cadáver monetario. Sáqueselo de encima lo más rápido posible, gástelo, cámbielo o entiérrelo antes de que se le pudra en el bolsillo.

La plata le llega al simple ciudadano, a la empresa o al país y, al ratito, como por arte de magia, se esfuma. La economía argentina es un gran truco de David Copperfield.

Esto vale tanto para los miles de millones de dólares de deuda que contrajo este gobierno como para los miles de millones de dólares que, por la bonanza internacional, le llovieron al gobierno anterior.

Pero también vale para los miles de millones de dólares que se robaron los accionistas de The Hotels & Constructions Illicit Association durante la década ganada (ganada por ellos, por supuesto). ¿Dónde está la guita?

Tal vez, la del actual endeudamiento es la más fácil de rastrear. A razón de 30/35.000 palos verdes por año, desde que Macri asumió nos entraron unos 100.000 palos verdes de prestado, gracias a la confianza que le tuvieron al Gato. Hasta que, hace unos meses, se la perdieron.

¿Qué hicimos con esa torta de guita? Una buena parte se la llevó el déficit fiscal que dejó el kirchenrismo y que Cambiemos no supo bajar. El déficit fiscal es esa cosa que ahora le estamos haciendo creer al mundo que vamos a llevar a cero.

Otra parte fue para pagar intereses de deudas contraídas por este gobierno y el anterior (cupones Bonar 2024, Repsol, Club de París...).

Otra parte se la gastó la clase media en Miami, Chile o Brasil aprovechando que Sturzenegger mantuvo el dólar baratito.

Y el resto se encanutó en cajas de ahorro en dólares a la vista, cajas de seguridad no tan a la vista, colchones, mesitas de luz, cuentas en Uruguay, Suiza o Seychelles (cuanto más lejos está el banco, más grande es el canuto que se guarda). Todos mecanismos destinados a evitar que el peso ganado fallezca en casa.

¿Donde está la que le llovió al kirchnerismo en los 12 años de gobierno? Es más difícil de encontrar pero hay algunas pistas. Por ejemplo, en los 12 puentes construidos en Tucumán y que ya se cayeron. Gestión Arquitecto De Vido, López, Baratta. ¿Qué podía salir mal?

Sin embargo, la obsesión nacional es tratar de encontrar la que estos muchachos se chorearon, entre otras razones porque es la que eventualmente se podría recuperar.

El primer dato cierto es que todo lo recaudado para hacer la revolución se juntaba en dólares o euros. Nada mejor que usar a las corporaciones para combatir a las mismas corporaciones y nada mejor que las monedas del imperio para combatir al mismo imperio. Para ganarles, había que chorear.

Aunque jamás lo vayan a reconocer en público, este es el razonamiento que íntimamente hace la dirigencia y la militancia kirchnerista para justificar el valijeo. No era delito, era estrategia política. A juzgar por el resultado, no les alcanzó. Una pena.

Algo de esa guita se usó para financiar la política. Actos, campañas, ayuditas a los amigos, repartijas, mejicaneadas. etc. No hace falta perforar toda la Patagonia. Alcanza con revisar las imágenes televisivas y prestarle atención a la cantidad de ex funcionarios que no tienen manera de justificar trajes, corbatas, relojes o carteras que usaban, teniendo en cuenta la cantidad de años en los que sólo recibieron sueldos como empleados del Estado. No a todos, pero a los más sospechosos los deschava una simple requisa en el placard.

Otra buena parte de la guita fue invertida en propiedades que están a la vista. Desde los campos en donde excava Bonadio hasta las casas, los hoteles, los pisos en Puerto Madero, etc. No sumarán gran cosa, pero son la puntita del iceberg que alcanza para abrocharlos.

¿Dónde está el paquete groso? Puede haber cuentas afuera con cifras importantes, pero no era una movida fácil de hacer cuando hablamos de miles de millones de dólares.

Imaginemos la escena: Uberti, Clarens, Baratta y Jaime van en un Toyota manejado por Centeno. Paran frente a una financiera, bajan con varios bolsos y entran mientras Centeno los espera en el auto y anota.

“Che, le dice uno de ellos al cajero de la cueva, ¿me transferís estos 500 palos verdes al Banco de Seychelles, a la cuenta a nombre de Crisnekir SA ?”. Imposible. Localmente esas cifras alterarían todo el mercado. Y en el exterior, tampoco es fácil hacer semejante maniobra sin que suenen todas las alarmas.

¿Mandaron la guita en vuelos privados a Venezuela? Si es así, olvidate. No la ven más.

Lo más probable es que hayan guardado buena parte acá y en efectivo. Enterrados, en caletas, en deptos, en casas o en su lugar en el mundo. A la espera de que un polvillo oscuro disuelto en el café con leche de Scioli le dejara a Zannini el camino libre para llamar a Asamblea Legislativa, volver a poner a Cristina y seguir acumulando bolsos para poder acabar con Bonelli y Alfano. Pero como siempre les pasa a estos muchachos, el plan falló.

Dado el nuevo escenario. ¿Qué podían hacer con esa guita? Nada. Si es como siempre se dijo que juntaban billetes de 500 euros, hoy no te los acepta nadie. ¿Sacarlos, usarlos y gastarlos? No hay chance, se avivaría todo el mundo. ¿Guardarlos para una próxima oportunidad y arriesgarse a que los encuentre Bonadio? ¿Y si se arrepiente alguno de los changarines? Imposible. Sería el final del relato.

Aunque cueste creerlo, lo más inteligente era quemarla en una discreta ceremonia. En todo caso, la única esperanza que nos queda para recuperar algo es que justamente nunca fueron demasiado inteligentes.

Pero me temo que, como diría Borges, alguna vez se cerrarán los últimos ojos que hayan visto esa millonaria columna de humo elevarse y perderse en el profundo cielo azul del sur argentino. Mamita.