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Alejandro Borensztein

Humor Politico - Por Alejandro Borestein para Clarin

 

Por más que todo el planeta putee a los gritos a Donald Trump, y con razón, nosotros los argentinos deberíamos empezar a reconocer algo en voz bajita y sin que nadie se avive demasiado: el tipo es el único que nos tira una anchoa.

Será porque le cae bien Macri, porque en los 80 salían juntos de joda por NY, porque tiene buenos recuerdos de Franco o porque es un excéntrico que se encariñó con la Argentina. La cuestión es que, sea por lo que fuere, le importamos.

Es curioso. A la jefa del Reino Unido, Theresa May, le dijo en la cara y delante de toda la prensa que su adversario Jeremy Corbyn sería un mejor primer ministro que ella. A Merkel y a Macron los maltrata una vez por semana a cada uno y al canadiense Justin Trudeau lo dejó plantado en su propio país, durante la última reunión del G-7.

Con Putin se abrazan pero en el fondo se están midiendo a ver quién es el primero que envenena al otro. Y con el gordito de Corea del Norte tiene una relación ambigua. Una mañana se despierta y le manda mensajitos de paz por Twitter y al día siguiente se levanta y aprieta el botón rojo.

Por suerte, y como bien explicó hace unos días el New York Times, en la Casa Blanca hay un grupo de altísimos funcionarios que se dedican secretamente a sabotear cada decisión delirante que toma este particular presidente de los EE.UU. Entre otras cosas, sin duda estos tipos ya le desenchufaron la botonera nuclear. Así se lleva Trump con el mundo, con sus pares y así lo controlan internamente.

La semana pasada, en la desesperación del terremoto financiero, Macri lo llamó por teléfono, seguramente para pedirle una mano.

Donald lo atendió y lo estuvo escuchando atentamente por más de 15 minutos. Entendámonos bien: hace más de 30 años que Donald Trump no escucha atentamente a nadie durante 15 minutos. ¿Lo quiere a Macri? ¿Nos quiere? ¿Será de Boca? Sólo Dios lo sabe.

Obviamente, no quisiera ser ingrato con Christine Lagarde, pero dudo de que el FMI nos prestaría tanta mosca si no estuviera de por medio Donald Trump.

Cuando uno es chico, todos los amigos son importantes pero si hay alguno con pileta es mucho mejor. Hoy Donald Trump es nuestro amigo con pileta. O al menos el que puede ayudarnos a pasar este sofocón.

¿A qué viene todo esto? Veamos.

Como todo el mundo sabe, hace unos meses el FMI nos prestó 50.000 palos verdes justo cuando nos caíamos al precipicio. El famoso gradualismo había fracasado, el mundo se había complicado, el mediocampo económico del mejor equipo en 50 años no daba dos pases seguidos y el avión que el kirchnerismo nos dejó en llamas, ahora sí, se caía en picada inexorablemente.

El Gobierno festejó semejante préstamo como si fuera la Copa Libertadores. Pero cuando leyeron la letra chica se avivaron de que, en realidad, eran 15.000 palos ahora y 3.000 palos por trimestre de acá hasta el final de 2019, siempre y cuando vayamos cumpliendo con la baja del déficit fiscal. Si uno hace bien la cuenta, a Macri le estaban prestando 33.000 palos en cuotas hasta el final del mandato. Los otros 17.000 palos eran para 2020 y 2021. Nadie dice que Macri no pueda llegar a cobrarlos, pero para eso tiene que formar un partido político, presentarse a las elecciones 2019 y ganarlas. Ojo, los de la contra también. Por lo menos Macri, el partido político ya lo tiene. Los otros, ni eso.

Para complicar las cosas aún más, de los 15.000 palos verdes iniciales que entregaba el FMI, unos 7.500 debían quedar como reservas en el Banco Central detrás de un vidrio y con un cartelito que decía “se mira y no se toca”.

El presidente del Central, el Toto Caputo (así lo llaman), arrancó ese cartelito y le puso otro que decía “romper en caso de incendio”. A los cinco minutos, le dio al vidrio con un fierro y los empezó a usar rápidamente para frenar al mercado porque si no el dólar se le hubiera ido a 40 mangos. Cuac.

Como es lógico, al romper el vidrio que protegía los 7.500 palos verdes inmediatamente sonaron las alarmas en todos los lugares estratégicos del Gobierno: la Casa Rosada, Olivos, el Ministerio de economía, el domitorio de Lagarde, la Bombonera, etc.

Convocados todos a una reunión de emergencia, nuestros cráneos se pusieron a hacer las cuentas y descubrieron que la guita del FMI no les alcanzaba.

La única solución posible era llamar a Christine otra vez y pedirle que nos adelante la mosca que recién iban a darnos en 2020 y 2021. Y si podían agregar un refuercito más, se lo agradeceríamos mucho.

Dicho y hecho. Dujovne viajó a Washington a explicar por qué nosotros incumplimos y ellos deberían cumplir a rajatabla y con yapa, y Macri llamó a Donald en aquella conversación de 15 minutos para pedirle una mano, o sea la versión adulta de “invitame a la pileta”. En eso estamos ahora.

Paralelamente, el país espera que la clase dirigente local se ponga a la altura de las circunstancias y acuerde un presupuesto consensuado de manera urgente para mandar una señal de confianza al mundo, a los mercados y al FMI y así volver a engañar a todos juntos una vez más. Al fin y al cabo es lo que venimos haciendo hace décadas. ¿O esta vez será distinto? ¿Cambiemos?

El Gobierno, que nunca quiso hacer acuerdos importantes con la oposición, ahora está desesperado por hacerlo. La oposición varía su respuesta dependiendo de quien se trate. Urtubey, Schiaretti y Pichetto entre otros, parecen los más propensos. El resto del peronismo blando está durísimo. La gente de Massa hace la de siempre: amagan que sí pero no, o amagan que no pero sí. Van viendo. Y el kirchnerismo ni hablemos. Sólo apoyaría si le garantizan el incendio, el apocalipsis, el helicóptero y toda esa sarasasasa.

Rascando el fondo de la lata del arco político está Moreno quien, aprovechando que todavía no lo medicaron ni lo internaron y sin siquiera haber sido repudiado por ningún peronista, insiste en que Macri debe irse ya mismo por la buenas y permitir que una Asamblea Legislativa elija nuevo presidente, antes de que lo saquen de manera cruenta. Posta, amigo lector.

Además esta semana le pidió por carta al FMI que no le preste más plata a la Argentina. La carta fue con membrete oficial del PJ, lo cual demuestra que, hoy en día, un sellito del PJ lo tiene cualquiera.

Lo que Moreno no entiende es que el FMI, Trump, Merkel, Macron y los demás muchachos de Occidente nos van a prestar toda la guita que haga falta, justamente para que tipos como Moreno no pisen nunca más la Casa Rosada. Hasta Tabaré Vazquez y los uruguayos van a poner plata si es que hace falta, con tal de que no vuelvan más.

En otras palabras, cuanto más cartas mande Moreno más plata le van a prestar a Macri. Encima, esta semana salió a decir que cuando vuelvan al gobierno, De Vido va a salir en libertad. Son geniales, laburan para Durán Barba día y noche.

En la carta, Moreno incluyó como socio de aventura a Guillermo Nielsen, con su consentimiento inicial. En cuanto el economista se avivó de la movida quiso bajarse pero ya era tarde.

Con esa cara de gente seria que tiene, rápidamente pasó a formar parte del grupete que integran el mismo Moreno, D’Elía y otros comediantes de la escena nacional. Hasta el jueves a la noche el tipo era Guillermo Nielsen. El viernes a la mañana ya era Leslie Nielsen, el protagonista de “¿Y dónde está el piloto?”, “La pistola desnuda” y otras teorías económicas.

¿Cómo sigue esta historia? Ni idea. Lo único que está claro es que, así como vamos, la guita no alcanza. Necesitamos una pequeña ayudita de nuestros amigos.

¿Donald querido, llevamos toalla o nos dan ahí?