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Por Mario Wainfeld para Pagina 12

Records nocivos en economía. Alegría hueca por la condición de país emergente. Relevos sin cambios en el gabinete, el malestar en el Gobierno. Puertas giratorias para ingresantes y salientes. La tercerización de la política: el FMI manda. Apuntes sobre la economía real.
 

Nigeria nos dio una mano: Argentina todavía puede llegar a octavos de final. Para el voluntarismo cerril del Gobierno, Morgan Stanley Capital International “nos” hizo otro favor. La condición de “país emergente”, sanatean, es la clave del crecimiento. El ansiado chaparrón que anuncia la lluvia de inversiones. 

Los consultores más afines al presidente Mauricio Macri vaticinan estanflación hasta fin de año. Les asiste parte de razón, aunque olvidan explicar por qué la llegada de las fiestas pondría fin a la crisis.

La Casa Rosada acumula récords como (hasta ahora y ojalá cambie) el equipo de Jorge Sampaoli: todos “para atrás”. Inflación, balanza comercial negativa, nueva suba de los intereses de las Lebac cuyo impacto trasciende a los grandes jugadores de la City financiera. Los humanos que toman crédito, que pagan intereses a los bancos, que descuentan documentos, están en figurillas. 

La pesada herencia K legaba estados nacionales y provinciales desendeudados; empresas o particulares relativamente desahogados. Hoy en día están con el agua al cuello, las deudas se incrementan a ritmo exorbitante.

Macri es el demiurgo del programa insustentable, Federico Sturzenegger contribuyó al desquicio con su manejo en el Banco Central. Lo defenestraron, pero lo sucede alguien peor, si tal milagro inverso fuese posible.

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Relevos sin cambios: Los grandes especuladores timbearon a paciere durante la gestión de Sturzenegger. Cuando lo eyectaron “los mercados” tuvieron la delicadeza de no brindar por él, cuanto menos en público. Carecen de motivos para añorarlo. Como en el fútbol, entra un jugador que cumple la misma función del que sale: el diseño táctico no se toca. Luis Caputo, su sucesor, es un cuadro del sistema financiero, un tipo “del palo”, quien ama la camiseta del establishment que lleva pegada al corazón. Sostener la bomba de tiempo de las Lebac lo pinta de cuerpo entero.

Francisco Cabrera encarnaba un oxímoron burocrático: ministro de la Producción en un modelo que la destruye o la ningunea. “Paren de llorar” interpeló a dirigentes industriales, tal vez su único aporte digno de mención en dos años y medio. 

El suplente, Dante Sica, proviene del peronismo duhaldista y de la industria. Francamente, cuesta imaginar que pueda variar los designios generales de la política económica. Llega como converso y, todo lo indica, actuará como tal, salvo que renuncie en seis meses. Carga en su mochila, como corresponde a todo funcionario macrista, conflictos de intereses. Gerencia un área que maneja contratos con empresas que el ministro”acaba de dejar”.

Ya que abordamos los conflictos de intereses. Juan José Aranguren fue desplazado de la cartera de Energía. Las empresas petroleras y Shell en especial maniobraron con sutileza; no le agradecieron de viva voz los importantes servicios prestados. 

Una trivia para quienes leen esta nota, entre partido y partido. ¿Cuánto demorará Juanjo Aranguren en retornar, con gloria, a Shell? Una aliviada a los participantes: se admite como respuesta la de Aníbal Troilo: “alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio, ¿Cuándo?… ¿pero cuando? ¡Si siempre estoy llegando!”. Las puertas giratorias empiezan su recorrido. 

Ahora dicen que el fundador del Excel y el numen de los tarifazos parte porque se excedió con los aumentos pasados y con la gula para el futuro inminente. Iguacel, aducen, intentará “moderar las subas”. Traducido de la jerga macrista al castellano: siguen las subas. El ministro confirmó que antes de fin de año habrá dos aumentos de tarifas y uno de combustibles. No se vislumbra un alivio para los usuarios, aunque Iguacel dialoga con las concesionarias para ver si “conceden” pagos en cuotas. Difícil que el chancho chifle, pero habrá que ver.

Sin novedades de fuste en el frente de las políticas, los cambios de nombres en el Gabinete trasuntan el clima de crisis general que se propaga al equipazo de Macri. Las rencillas internas estallan cuando los resultados son adversos, en el fútbol y en la política.

Las remociones en el Gabinete son, como en cualquier gestión anterior, síntoma de que algo cimbra, debajo de los pies.

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Le pertenezco, Christine: Si le interesa “leer” lenguaje corporal, pégueles un vistazo a las imágenes del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, junto a la titular del FMI, Christine Lagarde. Reflejan datos relevantes, la subordinación el primero. Al cronista le vuelve a la memoria un personaje de tevé, un chupamedias que encarnaba el actor Gianni Lunadei. En el paroxismo le decía a su jefe “le pertenezco”.

La política económica ha sido tercerizada al Fondo, a quien se atribuyen directivas que Macri acata, por el bien de todos. A medida que se develan las condicionalidades, se agrava la magnitud del ajuste. Despidos en la Nación, asfixia presupuestaria a las provincias, virtual suspensión de la obra pública. Dejamos a los iniciados las deprimentes proyecciones sobre el empleo, nivel de actividad, consumo popular.

Más gente común sin conchabo o con ingresos devaluados, subas de alimentos y remedios superiores a la colosal media inflacionaria. 

La llegada del primer pago de dólares llena de gozo al Gobierno, aunque una fracción significativa se destina al tonel sin fondo del sistema financiero.

En la Casa de Gobierno y zonas de influencia fantasean que el FMI será complaciente con ellos durante el año electoral. Aflojarán las presiones, les abrirán la mano. Serán magnánimos con un gobierno de derecha, satélite de Estados Unidos en política, seguidista en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo de Estado. Implacable ante Venezuela y calladito frente a los países de la Unión Europea que arrojan al mar a los migrantes que llegan a sus costas, en busca de ser explotados y salvar la vida.

La hipótesis entusiasma a un oficialismo que la pasa mal, peleando en desventaja más contra la realidad que contra la oposición. 

La teoría sobre la ayuda electoral del Fondo luce extraña, al menos en dos facetas. 

  • El FMI jamás operó de ese modo en política doméstica. 
  • Y, si a pesar de todo lo hiciera. no tiene ni pinta ni experticia para conseguir buenos resultados.

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La obsesión financiera: El año pasado se puso de moda el soft power del macrismo. El discurso light, para ciudadanos despolitizados, abúlicos, víctimas propiciatorias de prédicas “motivacionales”, desentendidos respectode sus propios intereses.

Ahora se verifica que a “la gente” le importa comer seguido, llegar a fin de mes, conservar derechos y poder adquisitivo. La obsesión financiera del oficialismo copa los medios afines. Pero aún en estos hay menciones a indicadores preocupantes en la economía real. 

El macrismo tiene una narrativa insidiosa y boba a la vez para los tarifazos. El periodista Martín Rodríguez la resume bien: culpa a las víctimas. Derrochones, artífices del despilfarro… en el borde pretensiosos que quisieron vivir por encima de sus posibilidades.

Los recortes presupuestarios acuden a la coartada del Fondo. El Hermano Mayor nos protege. Macri se pone al costado, habla como un gerente del FMI, renuncia implícitamente al liderazgo político. Le pertenezco.

La obsesión oficialista por las finanzas puede explicarse, parcialmente, por la formación de sus cuadros de gobierno. Poquísimos economistas con experiencia en políticas públicas. Apenas un puñado que conoce los palotes de la economía política, como las cadenas de valor de los productos.

La ignorancia, combinada con insensibilidad deriva en desinterés para pensar medidas contracíclicas cuando la economía real se empobrece.

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Un tuit histórico: Alberto Delgado difunde este tuit en su cuenta @el1escribidor: “Firmat, año 2001, ‘Vassalli’ estaba quebrada y casi todo el Pueblo subsistía x el trueque. Con los K se reabrió la fábrica y todos crecieron y en 2009 sus empleados cortaban las rutas en apoyo al campo. Hoy la fábrica de cosechadoras está a punto de cerrar y vuelve el trueque”. “Vassalli” alude a la fábrica de maquinaria agrícola Vassalli Fabril S.A.

Una sinopsis histórica sugestiva, de la que resaltamos el regreso del trueque, que se repite en Firmat, provincia de Santa Fe y en el conurbano bonaerense.

El portal desalambrar.com.ar cuenta cómo funciona el trueque en el barrio La Victoria de Moreno, en una interesante nota titulada “Cambiamos ropa usada por productos de primera necesidad”. El título es una buena síntesis. La actividad existe desde hace años, ahora resurge con enorme fuerza porque aumenta la cantidad de personas con necesidades. La plata no alcanza, el desempleo crece.

Hay aire de déjà vû. Sectores populares apelaron al trueque como rebusque cuando no tenían laburo o ingresos suficientes. Ocurrió a fines de la dictadura (por ejemplo, en Quilmes, en la diócesis del obispo Jorge Novak) o en el más cercano 2001. Economía de subsistencia, que añade una señal sobre la pauperización de la vida cotidiana.

Un observador impresionista recoge otros: contratos que se suspenden porque alguna de las partes se torna insolvente, expulsada de facto del sistema bancario. Prestadores de servicios que no saben qué cobrar, cuánto remarcar, para no ahuyentar clientes ni perder plata.

Abundan otras, por caso el reflujo de personas humildes a comedores comunitarios, el de pibas y pibes a comedores escolares. 

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Sensación térmica: El oficialismo se encierra en la burbuja financiera, porque percibe que el invierno político viene frío y gélida la sensación térmica en la calle.

Los dirigentes oficialistas se retraen, paran de timbrear. 

Macri se esconde y pega un feo faltazo en Rosario el día de la Bandera. Más vale ser descortés que recibir abucheos, habrá pensado.

La diputada Elisa Carrió “se saca” y gesticula contra sus aliados. 

Las remociones grupales en el Gabinete son, como en cualquier gestión anterior, síntoma de deterioro, de búsquedas de responsables. Como signo de que algo cimbra, debajo de los pies.

Las tarifas de servicios públicos cada vez insumen una proporción mayor de los sueldos o de los ingresos de las empresas

La gente común recibe consejos patriarcales de Macri: abrigarse dentro de casa. Quizá doble la apuesta más adelante: dormir con sobretodo, embozarse en un poncho para ir al baño de noche. Difícil que se alguien se resigne a pagar tarifas caras mientras se somete a tamañas privaciones. Para colmo, ni Macri ni su equipazo dan ejemplo de austeridad: son ricos de toda riqueza, millonarios en dólares, con su capital colocado en el extranjero. Los pedidos de sacrificio provienen de emisores no legitimados. 

Los aliados del oficialismo tampoco quieren aportar su óbolo para achicar el déficit: los productores agropecuarios se abroquelan para que no se suspenda la disminución de las retenciones.

El paro de mañana, al que adherirán las Pymes con un “persianazo”, medirá, entre otras variables, el rechazo ciudadano al programa económico, en la etapa más desembozada.

Difícil esperanzarse con la Selección pero todavía es posible pasar de ronda. El futuro del gobierno es mucho más sombrío porque lo peor recién empieza a llegar.

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