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Por Jorge Fotevecchia para Perfil

 

Las tarifas son una excusa, un significante del tema de fondo: el poder. El poder que se legitima con el éxito, que le viene siendo esquivo últimamente al Gobierno. 

El discurso de Miguel Pichetto cerrando el debate por las tarifas en el Senado puede –con los años– convertirse en una pieza histórica de la política argentina. Dependerá de cómo evolucione el gobierno de Macri. Podrá ser ejemplo de la oratoria de una época pretérita o la profecía que anticipó las causas del fracaso de un gobierno. En cualquier caso, fue un discurso muy por arriba del promedio al que nos tiene acostumbrados la dirigencia argentina. De corrido, sin ningún papel, plagado de argumentos que no lucían memorizados en un ensayo ni frases medidas en pruebas de focus group, dio una clase de política de Estado y vale la pena escucharla completa aunque sea para disentir). El éxito es transideológico: sirve para legitimar tanto a la izquierda como a la derecha Shakespeareanamente, Pichetto dijo: “Algo no está bien en la Argentina”, y advirtió al Gobierno: “Solos no van a poder”, “reflexionen sobre la relación con la oposición política democrática que han tenido”, y remató: “Este es un mensaje del Congreso”. Un mensaje para el Gobierno y también para los radicales y para los medios, a quienes acusó porque en 2011, cuando el kirchnerismo quiso aumentar las tarifas, se opusieron mientras que ahora, siendo gobierno o apoyándolo desde la prensa, se escandalizan de lo mismo que hicieron. Es cierto que las tarifas son una excusa, un significante del tema de fondo: el poder. El poder que se legitima con el éxito, que le viene siendo esquivo últimamente al Gobierno. Poder y éxito, algo que Macri debería comprender muy bien porque logró el poder del Gobierno también gracias al éxito que irradió su estela: la propia en Boca y en la Ciudad de Buenos Aires, más la de su familia en los negocios. Muchos argentinos lo votaron esperando éxito. Su éxito derramado sobre la sociedad. Pero lo que viene sucediendo desde que el Congreso aprobó el Presupuesto, en diciembre, es acumulación de fracasos. Respondió correctamente Pichetto al repetido argumento del Gobierno sobre que el aumento de tarifas estaba previsto en el Presupuesto aprobado por el Congreso. Dijo que también se aprobó una inflación del 10% y un dólar de 19 pesos para diciembre de 2018. El dólar es el otro significante del gran fracaso del Gobierno: 40% de devaluación desde diciembre desarma todas las previsiones. Agrega 10% más a la inflación prevista, promoverá la aplicación de la cláusula de revisión de las paritarias del 15% y suma atraso de las tarifas energéticas, que tienen como base el dólar. El fracaso económico del Gobierno converge en menor capacidad de consumo de la mayoría de la población: por dólar, por inflación y por mayores tarifas futuras. La senadora mendocina kirchnerista Anabel Fernández Sagasti dijo en el debate en el Congreso: “Son un gobierno de derecha y encima muy malo”. El éxito es transideológico y legitima todo: la ex Unión Soviética a mediados del siglo pasado expandía su modelo gracias al éxito de su economía por el empuje de la industria pesada, cuando su economía crecía más de 4% por año. También Menem, un gobierno de derecha, fue popular y se reeligió gracias al éxito de su economía mientras duró la convertibilidad, al punto que su ministro de Economía terminó siendo candidato a presidente. Y el éxito esperado pero aún no encontrado por Macri lo llevó a no tener un ministro de Economía que pretendiera disputarle el poder. En el poder se puede ser tanto de derecha como de izquierda, comunista o neoliberal, pero no se puede no tener éxito. El problema es terminar siendo un gobierno “encima malo”. Encima, porque siempre habrá una parte de la sociedad, de derecha o de izquierda, que no se sentirá representada por la ideología del gobierno de turno pero le reconocerá legitimidad si tiene éxito. Cuando Macri le responde a Pichetto con “ya sabíamos que el peronismo tiene mayoría en ambas cámaras” del Congreso pero que el poder es de la gente que votó por el cambio y no de los dirigentes, omitió decir que solo la primera minoría votó por el cambio que encarna Cambiemos y por eso Pichetto argumenta que “solos no pueden” o, puesto en otros términos, que no han tenido el suficiente éxito ni han sacado la suficiente cantidad de votos como para ser mayoría y comportarse como tal. Pero Macri y Pichetto son de dos mundos diferentes. Macri piensa el poder en términos absolutos; Pichetto, siempre en términos relativos. Para uno es una posesión que se obtiene plenamente, para el otro es fruto de una negociación permanente. Política es gestión, piensa Macri. Política es negociación, piensa Pichetto. Y Duhalde coincide con este último al decir: “Con la crisis en que estamos, si seguimos peleándonos no salimos. Macri es un presidente débil al que los medios nos hicieron creer que tenía un poder que nunca tuvo”. Nuevamente el mensaje a los medios, y al Gobierno, al que, como también dijo Pichetto, “le será muy difícil gobernar así”. Duhalde tiene la misma matriz política de Pichetto. Mientras que Macri nunca se vio débil en la vida, siempre se vio a sí mismo con capacidad de resolver los problemas, acostumbrado a que, cuando se agudizan, hay que redoblar la apuesta (“convicción”). En el Gobierno se puede ser de derecha o izquierda pero no se puede no tener éxito La mayoría de los hijos de alguien como Franco Macri hubiera aceptado el papel de ser segundos en la empresa familiar hasta el final de los días del patriarca. Hay decenas de ejemplos en las grandes empresas mundiales de padres exitosos que no se retiran nunca con hijos competentes, como Mauricio Macri, que siguieron negociando un lugar cada vez más protagónico. Pero Macri, a los 36 años, ya se había ido a presidir Boca. Macri no negocia, en palabras de Pichetto en el Senado: “No tolera la frustración”. Dos mundos en pugna. Duhalde ya es ex, Pichetto quizá sea ex a fin del año próximo, cuando deje de ser senador. Y Macri piensa que será reelecto. Un choque de culturas. (Fuente www.perfil.com).