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Por Mario Wainfeld para Pagina 12
 
La tragedia del ARA San Juan, la lucha de las víctimas. Respuestas tardías del Gobierno. Posibles responsabilidades políticas y penales. Aguad y Macri, tal para cual. Trabajadores en riesgo, el rol del Estado. Comparaciones con tragedias o crímenes pasados o recientes. Aguad, el peor interlocutor posible. Lo que falta, escollos.
 

Juan Carlos Blumberg mostraba la foto de su hijo Axel, peregrinaba por el Congreso o por despachos oficiales, pedía que encendieran velas en actos. Sin quererlo, en una de esas sin comprenderlo, repetía o adecuaba rituales de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Tal vez ni ellas ni él se entusiasmarían (o llanamente aceptarían) el parangón, empero existente. 

La tradición de los familiares de las víctimas en el espacio público entronca con la insuperable gesta de Madres y Abuelas. Mucho les debe aunque hay quien se empeñe en reducirle ejemplaridad.

Las víctimas (los parientes o allegados sobrevivientes lo son) claman por develar lo sucedido, identificar y sancionar a los culpables, procurar respeto y reparación dentrodel restringido margen de lo posible. Esta columna incursiona en comparaciones similares realizadas con convicción y buena fe, que acaso puedan incomodar a parte de los lectores. 

Vamos por una: cuando se perdió contacto con el submarino ARA San Juan el primer reflejo de las víctimas fue exigir aparición con vida de los 44 tripulantes y castigo a los culpables de fallas en la embarcación.

La deriva llevó a la demanda de búsqueda de los restos del submarino, demandando compromiso de los funcionarios, trabajo constante, asignación de todos los recursos estatales necesarios. Abúlica fue la respuesta del Gobierno empezando por el ministro de Defensa Oscar Aguad y el presidente Mauricio Macri. En la insustituible Plaza de Mayo se encadenaron mujeres durante 52 días suscitando adhesión ciudadana mas no acercamiento de funcionarios ni receptividadpara los pedidos. La presión constante –desde la Plaza, los medios y la sociedad civil– forzó a Aguad a mover ficha; contratar especialistas para la compleja búsqueda del submarino hundido. 

El hallazgo abre una nueva etapa, plagada de sospechas, imputaciones, ruptura de lazos y denuncias cruzadas entre autoridades de la Armada y funcionarios.

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Muertes que importan: El libro “Muertes que importan” escrito por la historiadora Sandra Gayol y el sociólogo Gabriel Kessler, recorre crímenes con intervención estatal que “marcaron la Argentina reciente”. Construyeron agenda, provocaron cambios legislativos como la supresión del Servicio Militar Obligatorio, consecuencia del asesinato del conscripto Omar Carrasco. Convulsionaron escenarios políticos como el homicidio de María Soledad Morales que interrumpió la hegemonía de los Saadi en Catamarca. A su vez, las ejecuciones de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán derivaron en adelanto de elecciones presidenciales y mellaron sin remedio la carrera política del ex presidente Eduardo Duhalde.

El texto citado escoge casos de hechos de violencia dolosa cometidos en su mayoría por fuerzas de seguridad. Las tragedias de Cromañón y de Once tienen rasgos diferenciales que podrían (subrayamos el potencial) tener parentesco más cercano con la del ARA San Juan.  En estos casos se acusó a Estado, gobernantes y funcionarios de negligencia extrema o dolo eventual determinantes para que se produjeran los siniestros. No de matar por acción directa, sino de generar tragedias por haber cometido omisiones gravísimas o incumplimiento de deberes de funcionario público.

Para probar cargos penales en estos supuestos es imperioso producir prueba más compleja (cualitativamente diferente) que en un asesinato.

Cromañón motivó el juicio político al entonces Jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra. La destitución (derivada del juego de mayorías y minorías en la Legislatura) incidió en el devenir político de la Ciudad Autónoma, el crecimiento del PRO de Mauricio Macri y el fin de la transversalidad concebida e impulsada por el fallecido presidente Néstor Kirchner.

Las proyecciones del proceso ligado al ARA San Juan dejan la primera impresión de ser menos rotundas, por varios motivos. Mencionemos apenas un par. Uno, la colosal dificultad para hacerse de pruebas materiales. Otro, la protección judicial que arropa al presidente Macri y sus aliados cercanos, palpable en la dejadez de jueces y fiscales para que avancen las causas porlas muertes sucedidas en Iron Mountain y Costa Salguero.

El apresurado y parcial pronunciamiento de la jueza federal Marta Yáñez dispensando al presidente de responsabilidad penal cuando faltan tramitarse pruebas fundamentales parece explicarse por esa saga antes que por apego a la ley.

El cronista aclara que su lectura sobre los hechos ocurridos en el ARA San Juan, es general. No posee datos investigativos propios, nutriéndose de la (como es habitual) excelente y minuciosa labor del colega Raúl Kollmann en PáginaI12.

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Duelo nacional y fiesta particular: La responsabilidad penal es más estricta que la política: se mide con parámetros distintos. Impera la presunción de inocencia que recién cesa cuando se dicta condena firme. 

Las valoraciones políticas despliegan otra velocidad y precisan menos requisitos o trámites. Es forzoso diferenciarlas. 

En lo relativo al ARA San Juan, las responsabilidades penales más severas, si existieran y se comprobaran, serían las que causaron el hundimiento. Hechos u omisiones previos causantes de un viaje que jamás hubiera debido concretarse. Muchos familiares denuncian conductas de ese tipo, no acreditadas por ahora.

Las (in)conductas posteriores, que enlazan mala praxis política con hipotéticos delitos, se pueden corroborar de modo más sencillo. Aluden a desinformación, falta de diligencia en la búsqueda, oídos sordos a alertas valiosas entre otras. Aguad cometió muchas de esas fallas, agravadas por rústicas faltas de respeto. Su mala fe o dolo se desconocen, hasta hoy. 

La conferencia de prensa posterior al hallazgo aporta una muestra acabada. Difícil hacer una presentación peor. Aguad no convence a nadie: carece de modales y vocabulario adecuados, porta cero empatía. 

El anuncio de tres días de duelo nacional, con la bandera a media asta, lo hizo trizas Macri bailando gozoso un rato después. El duelo no inhibe actividades oficiales pero para que trascienda la oquedad, los funcionarios deben mostrarse solidarios con las víctimas. Macri cedió a su idiosincrasia, Aguad quedó (o permaneció) en off side.

El elenco macrista se especializa en comunicación, experticia que abarca mentir, manipular, distraer al público, en el límite ningunearlo. Se repiten embustes o slogans huecos para imponerlos. 

Las víctimas quedaron desamparadas por eso retomaron la tradición, encadenándose en la Plaza. A nadie le gusta aterirse de frío por masoquismo o necedad.

El Gobierno de la Ciudad hace lo imposible para desnaturalizar y desactivar ese escenario de protesta y movilización: lo valla, lo torna inaccesible, aleja a los manifestantes de la vista de los pobladores interinos de la Casa Rosada.  

Macri y el equipazo cuidaron su pellejo como otros gobiernos antes. Aguad encarnó el peor portavoz e interlocutor imaginable: altivo, gélido, marrullero, abusivo en el manejo de la primera persona del singular… solo para empezar.

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Trabajadores con derechos: Los tripulantes pertenecen al denostado conjunto de trabajadores del Estado, circunstancia algo exótica al discurso dominante por motivos que intuimos pero no ahondaremos acá. Realizaban con gran vocación labores rodeadas de mayores riesgos que la media, con exigencias que muchas personas jamás encararían. El reconocimiento solidario y el dolor colectivos valoran dichas características. 

La tragedia ocurrió mientras trabajaban: engloba dentro de los accidentes laborales, tan descuidados por las leyes y tan menoscabados por el sentido común dominante.

Enumeremos, sin ser exhaustivos, a otros laburantes que arriesgan cuerpos o salud desempeñando tareas muy exigentes. El personal de fuerzas de Seguridad. Los bomberos. Los choferes de ambulancias. Médicos y profesionales de la salud que atienden ciertas dolencias, cohabitan con materias dañosas o se desempeñan en condiciones poco protegidas. Los mineros. El personal de vuelo de Aerolíneas Argentinas. La nómina se puede prolongar.

La reparación económica (muy menor frente a la pérdida) es un derecho de las familias. Nadie llega a exigirlapor gusto. El Estado tiene que asumir sus deberes, la primera responsabilidad es resarcir el daño objetivo, causado en ocasión del trabajo. Esto es, no se equipara a la que podría caber si hubiera mediado culpa o dolo de funcionarios.

Otro paralelo poco trazado, opina este cronista, debe vincular a la tripulación del ARA San Juan con los docentes Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, muertos en una escuela de Moreno como consecuencia de una explosión causada por un escape de gas. Cumplían su deber, laburando más allá de sus horarios. Falta de protección básica de los estados nacional y bonaerense. Sin embargo, ni Macri ni la gobernadora María Eugenia Vidal se ocupan de ambos ni les destinan atención y respeto. Una inconsecuencia que el mainstream mediático calla, porque otorga.

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Demandas y salidas: Las víctimas ocupan el espacio público en pos de verdad y justicia. En la cultura política argentina ranquea muy alto la noción de la responsabilidad estatal, judicial, política y económica. Las víctimas se movilizan con sobrado derecho que defienden con uñas, dientes y activismo. 

Un submarino hundido en el mar genera infinidad de inconvenientes prácticos. Se polemiza acerca de cómo investigar, de si se puede-debe sacar el submarino. Un Aguad legítimo hizo imposible saber qué piensa el Ejecutivo: transitó entre aseverar que es imposible, que es factible aunque resulta muy costoso, que quiere hacerlo, que duda, que se someterá a lo que defina la jueza Yáñez. 

Habrá que ver. En el ínterin, la conducta oficial esquivó deberes, farfulló simplismos, hizo amansar a las familias.

Cuando termine la visita del G-20 y se levante el virtual estado de sitio decretado en la Ciudad Autónoma, ésta recuperará su vivacidad cotidiana(ver asimismo nota aparte). Una lista no precisada ni breve de funcionarios estará en condiciones de desplazarse por las avenidas porteñas, desde sus oficinas a sus hogares, destituidos, shoteados. Algunos adornos florales, palabras huecas les dirán adiós.

Aguad figura entre los favoritos en las casas de apuestas. Nadie lo extrañará si se cumple este presagio. En Telecomunicaciones instrumentó como un amanuense las reglas que redactó el Multimedios Clarín, las defendió con argumentos paupérrimos que trasuntaban ignorancia y soberbia. En Defensa, acaso un sueño de toda su vida, quedará asociado a una tragedia atroz frente a la cual nunca dio la talla. A menudo, no dio la cara. 

Solo un voluntarista hubiera esperado más o mejor de “El milico”, el cofrade del represor Luciano Benjamín Menéndez, el interventor que se fue de Corrientes dejando un tendal de sospechas y facturas impagas.

Los reclamos de las familias merecen mejores interlocutores y mejor acogida. La historia continuará.

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