• Lorenzo Sigaut, ministro de Economía de la dictadura cívico- militar, levantó el dedito y advirtió: “El que apuesta al dólar, pierde”. Sobrevino una bruta devaluación. Corría el año 1981, el ministro duró siete meses en el cargo
  • Domingo Cavallo, megaministro en diversas administraciones, anunció la Convertibilidad en 1991. Predijo que el peso sería una moneda fuerte durante décadas, acaso un siglo. La Convertibilidad, clave para salir de la hiperinflación, debió tener tres o cuatro años de vida útil… llegó a los diez, concausando la más terrible crisis financiera-económica-social de la historia argentina
  • El ex presidente Fernando de la Rúa agravó el fundamentalismo de la Convertibilidad. Adoró como fetiche la igualdad cambiaria peso-dólar. “El uno a uno no se toca”, extremó, pese a que la regla admitía correcciones en la paridad. De las consecuencias ya hablamos.
  • El ex presidente Eduardo Duhalde prometió al asumir: “El que depositó dólares, retirará dólares”. Era imposible, los dólares se habían esfumado, reenviados por los bancos internacionales a sus casas matrices. Hay quien cuenta que caravanas de camiones blindados los llevaban “físicos” hacia el Uruguay. ¿Será verdad o mito urbano?... tanto da. El anuncio era de cumplimiento imposible, su propio equipo económico le había advertido. Doble torpeza de Duhalde: prometió algo imposible, la mentira se develaría en semanas. El presidente Mauricio Macri obra con más astucia: las suyas se desnudan totalmente dos años después.

La conferencia de prensa del “equipo económico” propinada anteayer se pliega a tan nefastos precedentes.

En dos semanas, con solo ocho días hábiles, los especuladores se alzaron con ganancias fabulosas. El Gobierno responde dándoles la razón, ofrendándoles la reducción del gasto público.

El dólar es una mercancía, no un ser vivo. Vivos son quienes lo manejan.

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Sobre rindes y rendiciones: Cualquier economista serio (los hay, en digna minoría) enseña que un solo instrumento no puede resolver todos los problemas de una sociedad. Sin embargo, el presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger, cree haber descubierto la piedra filosofal: subir o bajar, con obstinación de mamado, el dólar, las Lebac o las tasas de interés. Las maniobras flamantes le costaron al pueblo argentino miles de millones de dólares en reservas, que son capital nacional acumulado. Asimismo, habilitaron ganancias siderales. Quien supo entrar, salir y pasarse a tiempo puede haber acamalado uno por ciento diario en dólares o diez por ciento semanal o vaya usted a enterarse.

Los argentinos que tienen dólares en el extranjero, entre ellos los ministros de Hacienda Nicolás Dujovne y de Energía Juan José Aranguren, son más ricos que en las vísperas del primero de mayo. Es factible, aunque complicado para corroborar, que las entidades que manejan dichos fondos hayan lucrado con la especulación.

Breve paréntesis: (para la narrativa dominante medrar de ese modo no es corrupción, palabra que se reserva al cohecho. Casi siempre, solo al pasivo, a quien recibe la coima. Apenas un par de empresarios K alteran la tendencia. Cerremos paréntesis).

La cotización real del dólar es un arcano, la de anteayer funge de peldaño, no de techo. 

En el camino muchos daños ya se causaron y solo es posible que se agraven. Una vieja propaganda, de la era preViagrana, excitaba con el slogan: “cuando se apaga la luz, se enciende Gimonte”. Parafraseemos: cuando se enciende la City, se enfría la economía real. El dólar, las tasas de interés, las tarifas se trasladan a precios, bolilla uno punto uno del manual de economía política autóctona. 

Cuando suben, todo sube. Las importaciones, los precios de los artículos de primera necesidad, el costo de las hipotecas. Como hay aumentos del transporte público, hasta sube el costo real de la tarjeta SUBE, en un exceso de literalidad y de distribución regresiva de los ingresos.

El tijeretazo a la obra pública, la friolera de 30.000 millones de pesos, impactará en el respectivo mercado de trabajo. Lo seguirá el efecto dominó: la construcción es una actividad multiplicadora, otras caerán en la volteada.

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Chocoarroz con champagne: En contados días se plebiscitó, sin participación popular, un viraje reaccionario de la (de por sí regresiva) política económica M. Recálculo recesivo, inflacionario, rebosante de estímulos a la especulación financiera y de desalientos a la actividad productiva. 

La distractiva polémica respecto del gradualismo oficial queda para el consumo irónico. Dujovne adopta de volea las recomendaciones que le habrá hecho la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. Cenaron en casa del ministro, provistos por un catering costoso. Podía haberse ahorrado, era una reunión de amigos, un grupo de familia.

Acometer ajuste estatal y no hablar de despidos inaugura una nueva categoría de mentira: la omisión piadosa. La oleada actual se incrementará, no hay recorte brutal sin cesantías.

El sector privado se sacudirá como consecuencia del parate, más allá de la conducta imitativa, filosimiesca (valga la expresión) de las grandes empresas cuando el estado ejerce la mano dura contra los empleados.

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Todos unidos blanquearemos: La reforma laboral ingresada al Congreso, dividida en tres leyes, será engranaje de la regresión. El senador macrista Federico Pinedo defiende uno de los artículos más cuestionados, el que estipula un nuevo modo de cálculo de la indemnización por despido, achicándola. Arguye que ese punto no está legislado y que la jurisprudencia respectiva se divide. Noblemente, se inclina por la interpretación más lesiva para los laburantes. De paso cañazo: saltea que, en caso de duda, la normativa laboral impone el criterio in dubio, pro operario.

La Confederación General del Trabajo (CGT) se plantó contra la reforma, con el concurso de los senadores del peronismo federal. Son antagonistas inesperados para el Gobierno. Conociéndolo, quizás se valga de ese artículo como cebo o término de negociación. “Entregarlo” como concesión para hacer la vista gorda y dejar que pase de largo el blanqueo de deuda por cargas sociales, para evasores a secas y hasta para procesados o condenados penalmente. Too much,

Habrá que ver si los compañeros cegetistas y peronistas “no K” se disciplinan a cambio de tan poco.

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Tiempos de resistencia: Se cumplió un año del 2x1, episodio que combinó un fallo ignominioso de la Corte Suprema con una reacción formidable de la sociedad civil. Hicieron pie sobre el soporte institucional: la anulación de las leyes de la impunidad. 

La resistencia social pacífica contribuye a mejorar el sistema democrático. Las reglas institucionales progresivas ayudan y mucho. En tiempos nacional-populares, a acrecentar derechos. En las etapas neoconservadoras, a defenderlos.

Las normas laborales del kirchnerismo y la vigencia de las convenciones colectivas anuales explican –más que la calidad de la dirigencia sindical– por qué los trabajadores formales sobreviven en Macrilandia mejor que sus compañeros desocupados o “negreados” y que muchos estamentos de la clase media. Su salario se degrada en menor proporción que otros ingresos fijos: la vigencia de la norma y los derechos consagrados de las propias organizaciones conforman un vallado defensivo. 

Atenti, muchachos, porque hay olor a embestida oficialista en el aire. Contra los gremios y sus referentes. Con ariete judicial, legal o mediático, las tres patas de la coalición Cambiemos.

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Los Salieris de Mingo y la nueva clave: Para colmo de colmos reapareció Cavallo. El peor de todos los economistas neo-con, tanto por la magnitud del daño que causó cuanto por ser el más inteligente y creativo de todos. Como buen psicópata deja la impresión de creer en lo que propugna y hasta sabe ser atractivo, en determinadas circunstancias. 

Desde un programa de la cadena TN (por algo será) aconsejó al Gobierno. Tranquilizó al modo Mingo, explicando que no estamos en la inminencia de otro 2001. Pueden faltar años, depende de si Argentina se endeuda excesivamente, a tasas a muy altas y si no reduce el déficit fiscal. Los dos primeros requisitos se van consumando: los servicios de la deuda y los intereses de las Lebac insumirán una tajada creciente del gasto público mientras vamos por más.

Los economistas o funcionarios de derecha son Salieris de Cavallo, lo envidian, lo reprueban, lo admiran. Van camino de repetir sus peores proezas, también.

En 2017, el equipo del presidente Mauricio Macri supo desviar recursos a obra pública y “gasto social”, haciendo política clásica para atraer o conservar votos. El giro impuesto tras una semana cortita y fatal deja la impresión de volver a la etapa en que se tomaba deuda para repagar la anterior, sin conseguirlo del todo. Versión criolla, remanida, de mitos clásicos como la roca de Sísifo o el tonel de las Danaides.

El macrismo confía en que, en el borde del abismo, los organismos internacionales de crédito le darán una mano, aupándolos antes de las elecciones, para evitar el regreso del populismo. 

Imagina que el presidente Donald Trump - el FMI- las grandes multinacionales son lo mismo. Extrapola el carácter transitivo a la política o la economía. No se diferencia taaanto de ciertos enfoques populistas y de izquierda. Si la realidad es menos mecanicista y maniquea, el macrismo estará en problemas. El fuego amigo lo doblegó, le impuso relanzar el modelo. El establishment manda y no piensa mucho en clave electoral, por ahora.

Atravesamos tiempos aciagos para la gente común, de euforia para “los mercados”. Toda política económica discierne ganadores y perdedores. Los hechos de esta semana lo comprueban de modo cruel, casi panfletario.

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