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Lamentablemente hemos aprendido a convivir con los accidentes de tránsitos en Joaquín V. González, que día a día se repiten sin que ni por asomo se encienda una tímida luz esperanzadora que nos permita creer que estos hechos disminuirán paulatinamente.

Sería extenso enumerar cronológicamente todos los hechos que ocurrieron en los últimos años, porque muchos de ellos ni siquiera fueron registrados por nuestros medios de comunicación. Es que la verdad… ¡han sido tantos!

En la mayoría de los accidentes las motos se llevan el primer puesto en el podio. Y la cereza del postre es que en reiterados casos son conducidas por algún menor de edad.

Gente herida levemente, otros de gravedad, fracturas diversas; y lo peor, muchos casos también de gente que falleció tras ser atropellada por algún automóvil cuando intentaba cruzar la calle, o mientras transitaba en bicicleta.

Describir cada caso puntual requeriría de un desarrollo pormenorizado que no viene al caso para esta nota, pero solo para tener en cuenta la gravedad del asunto ustedes recordarán que en avenida San Martín, entre las tres cuadras que separan a Güemes y Sarmiento, han perdido la vida más de 5 personas en los últimos años, que fueron embestidas al cruzar la calle o andando en bicicleta con rumbo al trabajo.

Ahora bien, una vez que ocurren hechos de estas características, indefectiblemente nos ponemos en marcha a buscar las causas o los culpables de lo que pasó. Por ahí se escucha que alguien opina: “lo que pasa es que hay que poner lomos de burro. Pero que van a poner si a los de la muni no les importa un carajo de nada”. Otros dicen: “se necesitan más semáforos y controles serios de parte del personal de la Dirección de Tránsito que no hace nada, y se la pasan opiandonomas. Solo quieren sacarle la plata a la gente con las multas”. Y otro decir que se escucha mucho es: “la culpa la tiene Juanilo que no arregla las calles. Esto parece la superficie lunar por los cráteres que hay”.

En realidad, creo que si pensamos que estas razones son el meollo de la cuestión, nos equivocamos. Aunque debo reconocer que seguramente algo de todo esto tiene que ver. Sin embargo, son pocos los que hablan de lo que, a mi modesto entender, es el problema real que da origen a todo y que si no le damos la importancia que tiene, nunca jamás vamos a resolver la cuestión del tránsito en Joaquín V. González.

El problema, somos lisa y llanamente “NOSOTROS” y nuestra falta de educación y respeto hacia las normas que rigen y ordenan a nuestra comunidad.

¿Hay semáforos en González? Si. Pero, ¿les llevamos el apunte? Nooooo. Ni siquiera en la intersección de San Martín esquina Arenales que es súper transitado porque conecta con los barrios más poblados de la ciudad, y porque desde ahí, la San Martín ya se enlaza con la ruta nacional 16. Deténgase unos instantes en ese lugar y observe. ¡Todos apurados! ¡Por qué, si no vivimos en Manhattan!, digo yo.

Tratan de pasar a cualquier precio, esquivando a los que vienen con el “verde” a su favor. No les importa, se meten igual zigzagueando como si fuesen competidores de enduro. Y cuando los putean con razón por la pirueta, ni colorados se ponen. Encima te saludan como si los estarías idolatrando por el show que nos acaban de ofrecer ¡Por Dios!

Para muestra, solo basta un botón decía mi abuela.

Infringir, esa es la cuestión

Somos campeones de la desobediencia. Infringimos sistemáticamente las normas de tránsito como si tal cosa. Hacemos todo, pero todo, todo, lo que no hay que hacer. Y lo realizamos sin culpa, pero eso sí, con rebeldía. Y "guay" con que nos quieran multar por andar sin casco o por no tener carnet o tenerlo vencido, o sin papeles. Ahí aflora lo peor de nosotros, nos salta el “bruce lee” que llevamos dentro y deseamos interiormente amasijar al personal de tránsito que decidió observar nuestra falta.

Después está el error más común del que no nos salvamos ninguno: le damos la moto a nuestros hijos menores de edad, que están en plena adolescencia, en un período de transición que tiene características peculiares porque sus protagonistas son jóvenes que aún no son adultos pero que ya no son niños tampoco, ¡Y andá a desafiarlos!

Mejor les damos las llaves nomás.

No quiero extenderme demasiado, pero creo que deberíamos pedirle al Doc Emmett Brown de Volver al Futuro que nos traiga a 2016, ya que parece que nos quedamos en 1986. En el Joaquín V. González de entonces había 10 autos y 3 motos, por decirlo de algún modo. Entonces en U y no pasaba nada; estacionábamos en doble fila y a nadie le obstruíamos el paso, cruzábamos a tranco lento, paseando sin problemas por cualquier avenida. Pero eso tiempo ya pasó, nuestra ciudad ha crecido aunque nosotros sigamos pensando que somos el "pueblucho" de hace 30 años, y si no nos educamos de una vez, no habrá loma de burro, ni asfalto, ni semáforos, ni controles, que puedan detener esta ola incesante de accidente que lamentamos a diario.

Intentémoslo entre todos, de a poco estoy seguro que vamos a lograr cambios importantes. Respetemos las normas básicas de tránsito, solo eso.

Por lo menos así lo veo yo.

Fuente: Diario ZONA SUR