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Después de presidir el rito del Vía Crucis ante el Coliseo romano, el papa Francisco calificó de "vergüenza" las "imágenes de devastación, destrucción y naufragio que se convirtieron en ordinarias" en el mundo.

"Cristo, nuestro único salvador, regresamos a ti también este año con la mirada baja de vergüenza y el corazón lleno de esperanza. Vergüenza por todas las imágenes de devastación, de destrucción y de naufragios convertidas en ordinarias en nuestra vida", dijo el pontífice en alusión, principalmente, a los miles de migrantes que cada año mueren en el Mar Mediterráneo buscando llegar a Europa.

Francisco, con tono serio, denunció, asimismo, "la sangre inocente que cotidianamente es derramada de mujeres, niños, inmigrantes y personas perseguidas por su color de piel, su pertenencia étnica o social y por su fe" en Cristo.

El Papa también tuvo palabras de crítica hacia la propia Iglesia y denunció "las veces que nosotros, obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, escandalizamos y olvidamos nuestro primer amor, nuestro primer entusiasmo y nuestra total disponibilidad, dejando oxidar nuestro corazón", reportó la agencia de noticias EFE.

También tildó de vergüenza "el silencio ante las injusticias", así como "las manos perezosas en el dar pero ávidas a la hora de arrebatar y conquistar" o por "nuestros pies veloces en la vía del mal y paralizados en la del bien".


Francisco de este modo puso fin al rito del Vía Crucis, que como es tradición, se celebró en el Coliseo romano ante unos 20.000 fieles, según informó el Vaticano, para concluir esta jornada de Viernes Santo.
 

Una biblista francesa

"La hora ha llegado. El caminar de Jesús por los caminos polvorientos de Galilea y Judea al encuentro de los que sufren en su cuerpo y en su corazón, empujado por la urgencia de anunciar el Reino, ese caminar suyo termina hoy, aquí, en la colina del Gólgota", iniciaron las meditaciones preparadas por la biblista francesa, Anne-Marie Pelletier, la primera mujer en hacerlo en el pontificado de Jorge Bergoglio, y la cuarta en la historia.

El Pontífice llegó al Coliseo apenas antes de las 21 de Roma (16 de Argentina), donde fue recibido por la alcaldesa romana, Virginia Raggi, en medio de medidas de seguridad que incluyeron el cierre de estaciones de subte cercanas, la vigilancia aérea, la multiplicación de los camiones del Ejército, y diques de cemento que, cruzados en las avenida, procuraron evitar ataques con camiones contra las multitudes.

En el inicio del recorrido de la cruz por las 14 estaciones de 'pasión y muerte', la meditación interpretó que bajo esa cruz se desenvuelve el presente: "con todas sus caídas y dolores; sus demandas y sus rebeliones; todo lo que hoy clama a Dios desde las tierras de miseria o de guerra, en las familias desgarradas, en las cárceles, en las embarcaciones sobrecargadas de emigrantes".

Las referencias a temas centrales del pontificado de Francisco continuaron en la cuarta estación: "Banalidad del mal (en referencia a la categoría que Ana Arendt usó para los colaboracionistas del nazismo). Son innumerables los hombres, las mujeres, incluso los niños, violentados, humillados, torturados, asesinados por todas partes y en todas las épocas de la historia".



 
Refuerzan medidas de seguridad en Roma y el Vaticano por las Pascuas


Mientras la cruz era cargada por las estudiantes polaca Aleksandra Maga e italiana Lucia Lombardi, la meditación interpeló: "Sin refugiarse en su propia condición divina, Jesús se incluye en el terrible cortejo de los sufrimientos que el hombre inflige al hombre. Conoce el abandono de los humillados y de los más marginados. Pero, ¿de qué nos sirve el sufrimiento de otro inocente más?".

En la Quinta estación, los italianos Mario Ugolini y Liviana Ceci sostenían la cruz mientras el texto de Pelletier se refería a los presos: "Jesús cae, se levanta, vuelve a caer, retoma el agotador camino, probablemente bajo los golpes de los guardias que lo escoltan, porque así es como son tratados, maltratados, los condenados en este mundo".

Entre las medidas "extraordinarias" dispuestas por el Ministerio del Interior se establecieron detectores de metales en un primer anillo, y perros anti explosivos en la zona del histórico Coliseo.

La presencia argentina apareció en la estación 13, dedicada a María, con el correntino Ulises Zarza, que hace 12 años es miembro de la Orden Franciscana, desde que integra la custodia de Tierra Santa.

La cruz fue cargada en diversas estaciones por fieles de los tres países que Francisco anunció que visitará este año: Portugal, Egipto y Colombia.

Docente de Sagrada Escritura y Hermenéutica bíblica de la Facultad de "Notre Dame" de Paris, Pelletier recibió en 2014 el premio Ratzinger, máximo galardón a los teólogos europeos.

Antes del Vía Crucis, Francisco encabezó en la basílica de San Pedro la misa de Pasión, que recuerda la muerte de Cristo. Se postró sobre un tapete y almohadón ubicado delante del altar central, el del baldaquino del Bernini, debajo del cual está la tumba del apóstol Pedro.

La homilía la realizó el sacerdote capuchino y predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, quien, parafraseando al recientemente fallecido filósofo Zymunt Bauman destacó las virtudes de "la Cruz" en medio de "la sociedad líquida en la que vivimos".