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Javier Hernán Pino es un joven entrerriano de 29 años que pasó a integrar la lista de los diez asesinos seriales más famosos de la historial criminal del país. 

La prensa nacional lo bautizó como el “Nuevo Ángel de la Muerte”, comparándolo con Carlos Robledo Puch, quien se ganó ese apelativo por los 10 homicidios en serie cometidos en los primeros años de la década del 70, en el lapso de dos años. Tenía entonces solo 20 años y fue condenado a reclusión perpetua por tiempo indeterminado. Es el único preso de la Argentina que permanece privado de su libertad desde hace 47 años.

El caso de Javi Pino se asemeja bastante al de Robledo Puch porque todos los crímenes los cometió en ocasión de robo, a traición y en algunos casos luego de ganarse la confianza de sus víctimas con su cara angelical. Los estudios psicológicos y psiquiátricos definieron su perfil como “cínico, frío y calculador”. 

Por la forma que atacó a sus víctimas, Pino emuló al “asesino del calibre 44”, un neoyorquino llamado David Berkowitz que mató en serie a seis personas a mediados de los 70. 

En 2015 el entrerriano asesinó a tres hombres y dos mujeres en el lapso de ocho meses. Y de no haber sido detenido, probablemente hubiera superado el récord del propio Robledo Puch. Tenía tres pistolas con silenciador registradas a su nombre, dos Taurus 9 milímetros y una Bersa calibre 380. 
En los crímenes que cometió utilizó solo una de las Taurus.

Inició su raid delictivo el 16 de febrero de 2015 en Capital Federal donde mató de ocho balazos al supermercadista Ni Qi Fu (40), a quien atacó con fines de robo. Dos meses después, el 14 de abril, en el mismo distrito asesinó a la masajista Claudia Sosa (32). Pino mantenía una relación de amistad con la mujer, a quien había ayudado, incluso, a mudarse al departamento donde la ejecutó de un disparo en la nunca con la pistola 9 milímetros. Los investigadores determinaron su identidad porque dejó su ADN en una cuchara hallada en la taza de café que compartió con la confiada masajista. Del lugar se llevó pocas cosas: una computadora, un celular, 1.900 pesos y otros objetos de poco valor.

El homicida se trasladó luego a la localidad salteña de El Galpón, donde el 13 de julio asaltó y mató a Ariel Fernando Ríos (28), playero de una estación de servicio de ese pueblo del departamento Metán. El trabajador, según la autopsia, recibió un disparo con orificio de entrada en la zona izquierda del parietal sin orificio de salida. Pino se apoderó de la recaudación del día anterior, unos 70 mil pesos. Argumentó que estaba desesperado porque necesitaba el dinero para pagar un abogado que sacara de la cárcel a su padre, enfermo de cáncer, quien estaba imputado de un robo en Santiago del Estero. Se probó que lo hizo por eso, ya que escapó a esa provincia y que al abogado le pagó los honorarios.

El 16 de octubre el psicópata apareció de nuevo en escena en la ciudad santefesina de Rosario, donde ejecutó a los hermanos Javier y Agustina Ponisio, de 25 y 28, respectivamente. Con la chica era amigo desde hacía varios años y eso le permitió ganarse la confianza de sus familiares. Aquel día Pino llegó temprano a la vivienda donde los hermanos lo recibieron con el afecto de siempre. Una vez adentro descerrajó tres disparos a Javier cuando el joven estaba de espalda en el descanso de una escalera. Con la misma frialdad le pegó dos balazos en la cabeza a su “amiga” Agustina. Luego abordó su Fiat Siena llevándose dinero, una tablet, dos computadoras y joyas, entre ellas una cadenita de oro con el nombre Agustina que fueron reconocidas por los padres de las víctimas cuando más tarde Pino fue detenido en Frías, Santiago del Estero. Con su captura, afortunadamente, se logró poner fin a la sed asesina del peligroso delincuente.

La Justicia de Metán fue la primera en llevar a juicio al múltiple homicida. En mayo de 2017 un tribunal colegiado condenó a Javier Pino a la pena de prisión perpetua por encontrarlo autor material y penalmente responsable del delito de “homicidio criminis causa” en perjuicio del playero galponeño Ariel Fernando Ríos. En noviembre de ese año fue llevado a Rosario, donde recibió la misma pena por los homicidios de los hermanos Ponisio. En tanto, el 16 de mayo último recibió la tercera perpetua por los asesinatos del comerciante chino Ni Qi Fu y la masajista Sosa, cometidos en Capital Federal.