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Reyes - Es una de las historias más conocidas entre los cristianos del mundo, pero aún subsisten dudas importantes sobre el hecho

Fuente:ElIntra.com.ar - Imagen Ilustrativa Web

 

Eduardo Huaity González

 

Sin dudas la historia de los Reyes Magoses una de las más difundidas, de las más versionadas y las que más ilusiones y noche insomnes dejó y dejará, pero a pesar de lo popular y la enorme versión de relatosy películas, su mención bíblica se reduce sólo a unos cuantos y cortos párrafos.

¿Quiénes eran, qué buscaban, cuántos eran?, son las preguntas que desde hace siglos muchos se hacen, e incluso hasta la fecha de su visita son puestas en duda. La Biblia no menciona cuántos fueron los magos que visitaron al niño Jesús, de hecho ni siquiera dice que sean tres, ni mucho menos sus nombres, ni sus razas, ni sus aspectos. Ni siquiera, sus géneros. La mención aparece en el Evangelio según San Mateo, capítulo 2, versículos 1 a 12:

"Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará[a] a mi pueblo Israel.

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino".

Por no aparecer en los textos bíblicos reconocidos por la Iglesia, no aparecen ni siquiera las famosas figuras del buey y la mula. El papa Benedicto XVI admitió la no-mención a ellas en la Biblia. En otras culturas, como las del este, el número de Reyes Magos ni siquiera es de tres. Por ejemplo, los 12 Reyes Magos armenios. Otros países no dan un número determinado, sino que simplemente hablan de "un pequeño grupo de magos".

El número de tres surgió por una simple y muy básica deducción, fueron tres los regalos, oro, incienso y mirra y supusieron que cada rey trajo un regalo en especial. Según la creencia general eran astrólogos y sabios, que conocían muy bien el movimiento de las estrellas, conocimiento que los guió hasta donde estaba el bebé. La llegada de ellos llenó de expectativas al pueblo de Belén y Herodes que gobernaba en esa época, al enterarse del motivo de la visita y la calidad de los visitantes provenientes de países extranjeros, se llenó de odio y el temor por lo que determinó una posterior matanza de niños recién nacidos. Este hecho también tiene algunos problemas con la fechas, ya que algunos señalan que los reyes llegaron casi un año después del nacimiento de Jesús, debido a las distancias y los tiempos que llevaban recorrelas, otros aseguran que llegaron sólo días después, ya que sabían del nacimiento antes de que suceda.

Para acrecentar aún más controversia sobre cuántos eran, en los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente las cantidades. Un fresco del cementerio de San Pedro y San Marcelino en Roma representa a dos, tres muestra un sarcófago que se conserva en el Museo de Letrán, cuatro aparecen en el cementerio de Santa Domitila, y hasta ocho en un vaso del Museo Kircheriano. En las tradiciones orales sirias y armenias llega a hablarse de doce.

Los nombres que se les dan (Melchor, Gaspar, Baltasar) son relativamente recientes. Aparecen en un manuscrito anónimo italiano del s. IX, y poco antes, en otro parisino de fines del s. VII, bajo la forma de Bithisarea, Melichior y Guthaspa. El número definitivo lo proclama en Occidente, el Papa San León I en el siglo V, además este Papa fija también sus edades en 20, 40 y 60 años; y sus razas como blanca, negra y amarilla, que eran las únicas admitidas en la antigüedad.

En otros autores y regiones se los conoce con nombres totalmente distintos. Su condición de reyes, que carece absolutamente de fundamento histórico, parece haberse introducido por una interpretación demasiado literal del Salmo 72,10: «Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecerán dones; los reyes de Arabia y Sabá le traerán regalos». Nunca en las antiguas representaciones del arte cristiano aparecen con atributos regios, sino simplemente con gorro frigio y hábitos de nobles persas.

Hay un dato controversial, pero completamente aceptado por los estudiosos de la Biblia y el Vaticano, los reyes eran sacerdotes representantes del Zoroastrismo, una antigua religión surgida en medio oriente unos mil antes de cristo y fue la primera monoteísta del mundo. Sus principio de luz y oscuridad, bien y mal y los preceptos morales son muy parecidos a los del cristianismo, a tal punto que hasta Satanás pertenece a esta creencia, y es muy probable que lo haya tomado como propios.

Todo el zoroastrismo se basa en la lucha entre Dios y las fuerzas de la bondad y la luz, representada por el Espíritu Santo, Spenta Manyu y Ahriman, que preside las fuerzas de las tinieblas y el mal.

También hay discrepancias sobre el lugar de su origen, diferencias que ya tienen casi dos mil años. Unos dicen que eran originarios de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares más cercanos como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia.

Una carta sinodal del Concilio de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico del frontispicio que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos, según menciona Mercedes Ruiz Álvarez, en “La Epifanía” en Historia de los costumbres y tradiciones navideñas en México, de 2010.

“La infancia de Jesús”, el volumen final de la trilogía sobre la vida de Cristo que ha escrito el Papa Benedicto XVI, reflexiona sobre la ausencia de la mula y el buey en el pesebre, al tiempo que sitúa el origen de los Reyes Magos en Tartessos, una zona que los arqueólogos localizan en Andalucía y que, según algunos, desapareció mucho antes de la fecha que el Evangelio sitúa la Navidad. La postura papal sobre el origen español generó no pocas críticas de los expertos.

“Si me tengo que creer que un niño llamado Jesús nació y que unos Sabios o Reyes Magos, fueron a adorarle, puedo asegurar que bajo ningún concepto eran andaluces”, explica Jaime Almansa, director de la empresa JAS Arqueología, de España ya añade, “En Isaías y en los Salmos se menciona Tarsis o Tartessos como una realidad, y es cierto que fue una realidad política e histórica en algún momento, pero el Tartessos que sitúan en Andalucía desapareció 700 años antes del nacimiento de Jesús. Eso es un hecho”.

“En un momento en el que la política del Mediterráneo dependía del poderoso Imperio Romano, es imposible que permitieran que unos reyes provenientes de una zona sobre la que tenían pleno control fueran a adorar al rey de los judíos”, comenta el arqueólogo.

El primero en escenificar el nacimiento de Cristo fue Francisco de Asís, en la Nochebuena de 1223. Lo hizo con el permiso papal e introdujo a los animales. “El buey y el asno representaban a los buenos cristianos, personas humildes que acudían a la adoración de Cristo”, sostenía la iglesia española para su inclusión.